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viernes, 26 de septiembre de 2025

En compañía de monstruos

Hace unos diez años, cuando las antologías estaban de moda y yo luchaba contra un bloqueo que creía literario (aunque no me faltaba inspiración, pero el pánico a enfrentarme a la página en blanco era muy real), me aferré a cualquier «excusa» que me ayudara a volver a escribir. Por casualidad, por suerte o por destino, en mi viaje a la Expocon de Zaragoza en 2013 conocí a un buen puñado de compañeros de letras, varios de los cuales me propusieron, meses más tarde y a lo largo de los cuatro años siguientes, participar en diversas antologías de relatos. Por aquel entonces, yo era «la niña que no sabía resumir», y enfrentarme a la narración breve suponía un reto tanto como enfrentarme a la página en blanco. Pero quién dijo miedo. Siempre me ha motivado un buen reto. Y lo hice, escribí una docena de relatos que se fueron publicando entre 2014 y 2017. Relatos que después reuní, junto con algunos inéditos, en una antología propia que titulé Laudaner (porque en Thèramon, ese mundo fantástico que existe en mi cabeza y que todavía sigue en fase de creación, un laudaner es un narrador de historias) y que está a la venta en Amazon (el enlace está en la columna derecha de esta página).

Tiempo después de haber entregado el último relato que se publicaría, empecé a escribir otro, uno que no llegué a terminar. Uno que me encantaba, por cierto. Pero por distintos motivos se quedó ahí, apenas esbozado. Había vuelto a la narración larga, había empezado un par de novelas, habían regresado mis dudas y la desmotivación y todo eso de lo que te he ido hablando y que por fin he dejado atrás.

Pero a lo que iba. Hace algo más de un año, no me preguntes cómo porque ya no me acuerdo, me encontré formando parte de un grupo privado de Facebook (¡y cómo había echado de menos eso, dioses!) que llevaba un tiempo trabajando en una antología sobre monstruos. Entré como correctora, con la posibilidad de participar con un relato. Y el caso es que tenía un relato (inconcluso, de acuerdo, pero si me sentaba y lo terminaba) que encajaba con la temática. Aunque, si me conoces ya imaginarás cuál era mi monstruo, resultaba improbable que lo aceptaran, porque ya había dos de la misma especie, o al menos parecidos. Vale, uno era una tarasca, y el otro se centraba más en el héroe que en el monstruo, pero hablaba de un dragón, sin duda. De todos modos, terminé mi relato, porque me encantaba y porque por fin había encontrado la motivación para hacerlo, aunque al final no fuese a ir a ninguna parte.

Así se lo dije a la coordinadora de la antología, Beatriz T. Sánchez, quien me dijo que se lo enviara de todas formas. Lo leyó, le gustó y decidió incluirlo. Y de este modo «Garras y colmillos» se convirtió en parte de En compañía de monstruos.

Buscarle un hogar a esta antología ha llevado su tiempo, pero la perseverancia y la paciencia siempre dan fruto, y por fin la hemos visto publicada bajo el sello de Suseya Ediciones.

No te voy a contar de qué va mi relato, tendrás que leerlo. Junto con los que lo acompañan. Y te recomiendo que lo hagas, porque son relatos muy buenos. Ya sabes que no participaría en un proyecto que no me convenciera y cuya calidad literaria no estuviera a mi altura (Modesto, baja, que sube Bea, jajaja). No, en serio, lo de la alta calidad literaria es cierto. Y en cuanto a originalidad, te puedo asegurar que todos ellos son fantásticos.

Te dejo aquí la portada y la sinopsis, para la cual también aporté mi granito de arena:


En el pasado, en el presente o en el futuro, acechando desde el exterior o brotando desde dentro, criaturas, seres y entes varios protagonizan los relatos de esta antología, en la cual la evasión del lector llegará en compañía de monstruos.

Monstruos que nacen del odio, del anhelo, de la necesidad, de la locura, de la desesperación, de la codicia; monstruos que surgen de las profundidades de mares inexplorados, de los abismos del tiempo, de las tinieblas que ahogan y corrompen el alma humana; monstruos creados en un laboratorio, invocados mediante ritos ancestrales, replicados virtualmente. Monstruos que atacan, ¿o se defienden? ¿Quién puede juzgar la naturaleza monstruosa de una criatura que lucha por su propia supervivencia?

¿Acaso tú, que acechas desde el otro lado de estas páginas, no llevas un monstruo en tu interior?

Puedes juzgarlos, puedes enfrentarte a ellos, puedes sucumbir frente a su maldad o maravillarte ante su poder. Quizá te identifiques con alguno de ellos. No importa el resultado, se trata de que disfrutes de este viaje en compañía de monstruos.

Publicado por Suseya Ediciones (enlace de compra aquí)

190 páginas, 15×21, tapa blanda. Precio 15 €

Relatos y autores:

La rosa de plata, por Ginés J. Vera

La semilla, por Nieves Guijarro Briones

Adminículo Transversal Redundante De Supercopia Añadida (T.A.R.A.S.C.A), por J. Javier Arnau Moreno

Las Hilanderas, por Xuan Folguera

La escama negra, por Francisco Torpeyvago

Y la luna me sonríe..., por Athman M. Charles

El abrazo de las llamas, por Laura Blanco Villalba

El mar de la intranquilidad, por Beatriz T. Sánchez

Garras y colmillos, por Bea Magaña

Los retoños de Pétrelar, por Esteban Dilo

Diario de la noche, por Milos de Azaola

Te dejo el enlace de compra en esta entrada, aunque también lo encontrarás en la columna derecha de la página, porque me gusta ver a todos mis «niños» publicados ahí juntitos.

Me ha gustado volver a compartir noticias literarias aquí. Ojalá pronto pueda traer más, aunque espero que la siguiente sea la publicación de otra novela. Por lo pronto, ya estoy trabajando en ello.



jueves, 12 de abril de 2018

MANUAL DE SUPERVIVENCIA


Últimamente sólo aparezco por mi rinconcito virtual cuando tengo novedades literarias. Debería venir más a menudo, lo sé, comunicarme me sienta bien y me ayuda a escribir con más regularidad. Pero, como ya sabes, mi voluntad no se encuentra en su momento más álgido, y trato de aprovechar todo mi tiempo libre para rescatarla de ese abismo mezcla de desmotivación y desidia en el que se encuentra —en el que me hallo yo misma— bien leyendo, bien corrigiendo, hasta que consigo volver a enfrentarme a la página en blanco y teclear unos cuantos párrafos que, si bien no parecen dar muchos resultados, van haciendo crecer una historia u otra de esas muchas que tengo por ahí empezadas y que —no me preguntes por qué estúpido motivo— no me atrevo a continuar hasta terminar.

Que sí, que sigo poniéndome excusas para no sentarme ante el teclado y ponerme a aporrear las teclas como si no hubiera un mañana. Pero al menos no lo niego ni lo oculto. Quiero creer que es el primer paso para superar el problema que sea que tengo.

Pero vayamos al grano:

Hoy vengo a presentarte la última antología en la que participo, esta vez en compañía de más de cincuenta fantásticos escritores e ilustradores, entre ellos varios ganadores de los más prestigiosos premios dedicados a la fantasía, la ciencia ficción y el terror en España. Un lujo contarme entre ellos, vaya.

Un poco de historia para empezar:

MANUAL DE SUPERVIVENCIA comenzó a gestarse allá por 2014, ya sabes, cuando los retos parecían llover sobre mí —claro, si no, ¿cómo me encontraría yo formando parte?, je—, y la invitación a participar me llegó de la mano de Daniel Estorach, querido amigo, mi Alfa literario y autor de la trilogía Crónicas de un héroe urbano, y cómo decirle que no, si me apetecía mucho colaborar con él y era un reto al que no podía negarme. Porque, verás, los relatos debían estar inspirados y ambientados en el universo Tiempo de Héroes, proyecto que nació a raíz de la primera novela de Daniel, Hoy me ha pasado algo muy bestia, y yo por aquel entonces estaba escribiendo casi solamente terror. Así que ponerme en la piel de un superhéroe de carne y hueso era un reto tanto como lo era escribir un relato, porque yo de heroína tengo más bien nada, si acaso sería un poco el antihéroe. Y de ahí nació la idea para mi historia, que titulé EL MALO y de la que puedo decirte que trata un poco sobre el bullying y un poco sobre hombres sin escrúpulos que maltratan a las mujeres porque sí, porque pueden. Y es que de eso va esta antología, de héroes muy humanos que se enfrentan a los problemas reales de nuestra sociedad.

MANUAL DE SUPERVIVENCIA es una antología ilustrada, y por eso el proyecto se demoró más de lo previsto, pues al grupo inicial de autores que Daniel había convocado se unió poco a poco un elenco de ilustradores que, con diferentes estilos y muchísimo arte, pusieron rostro a cada uno de los relatos. El mío corrió a cargo de Juan Alberto Hernández, que supo reflejar la esencia de lo que yo quería contar y al que estoy muy agradecida por su dibujo, con el que mi protagonista se vio perfectamente identificado ;)


MANUAL DE SUPERVIVENCIA es, además, una antología solidaria, cuyos beneficios íntegros irán destinados a la Fundación Ana Bella de ayuda a mujeres maltratadas. Eso la convierte en una obra muy especial. Porque la violencia machista y de género es un problema muy grave, y con decir #NiUnaMenos o #ContraLaViolenciaDeGéneroLaFuerzaDeTodos no es suficiente. Y saber que podía poner mi granito de arena haciendo lo que mejor sé hacer para ayudar a una institución que intenta que ese problema se erradique y que las mujeres maltratadas vuelvan a sentirse seguras y recuperen la ilusión y la alegría, qué quieres que te diga, me hizo desear que la antología viera pronto la luz y se vendiera mucho. Además de que me ayudó a volver a teclear sin miedo.


Y aquí la tienes:



Título: MANUAL DE SUPERVIVENCIA
Páginas: 402
Ilustrador de la portada: Jordi Armengol
Coordinadores: Daniel Estorach, Juan González Mesa, Antonio González Mesa
Editorial: ApacheLibros (edición en papel) y Palabristas Press (edición digital)
Autores e Ilustradores: Alicia Pérez Gil — Alejandro Castroguer —Víctor Blázquez — Iván RuSo —Sergio Bleda — Mieria Dedalus — Fayna Bethencourt — Alejandro Colucci — Jennifer Rubio — Montiel de Arnáiz —Allan J. Arcall — Miquel Giménez Gómez — Lem Ryan — Nieves Delgado — Jordi Armengol — Elías Santos — Bea Magaña — Ricard Ibáñez — Juan Alberto Hernández — Ricard Ruiz Garzón — Carlos J. Lluch — Sofía Rhei — Carolina Bensler — Alberto M. Caliani — Claudio Cerdán — Santiago Eximeno — David Rendo — Kike Alapont — Díaz de Tuesta — So Blonde — Santiago Ramos — Cecilia C. F. — Eduardo Vaquerizo — Nacho Fernández — Begoña Fumero — Tony Jiménez — Álvaro Fuentes — Lorena Carvalho — Pablo Uría Díez — Daniel Eduardo Mendoza — Javier Martos — Verónica Casas — Miguel Santander — J. G. Mesa — Marco Gómez Gómez — Jose Barrero — Daniel Medina Ramos — Estela Gaona — Aniel Dominic — Calaveradiablo — Manuel Moledo — David Fajardo — Antonio G. Mesa
Precio: 14,90 € (en papel) y 3,95 € (en digital)

Puede adquirirse en las webs de ambas editoriales y a través de la plataforma digital Lektu.

Web de Apache Libros: https://apachelibros.com/

Web de Palabristas: https://www.palabristas.com/

Web de la Fundación Ana Bella: https://www.fundacionanabella.org/


Apache Libros y Palabristas Press son dos de las editoriales independientes punteras de la literatura de género en español. El editor de Apache, José del Río Fortich, es además presidente de la asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror (AEFCFT), mientras que la editora de Palabristas, Cristina Macía, es la traductora de Canción de Hielo y Fuego, de George R. Martin. Palabristas está especialmente implicada en la promoción de literatura escrita por mujeres.

La Fundación Ana Bella Red de Mujeres Supervivientes, con sede en Sevilla, ayuda a una media de 1.200 mujeres maltratadas al año. Para ello ha puesto en marcha diversos proyectos, entre ellos el Programa Amiga, la Escuela para el Empoderamiento de la Mujer y Talleres de testimonios positivos. Su fundadora, Ana Bella, inició en 2002 la Red de Mujeres Supervivientes, creando una entidad sin ánimo de lucro con la misión de construir una sociedad en igualdad y libre de violencia hacia las mujeres.
Su labor ha sido reconocida entre otros por el Ministerio de Servicios Sociales e Igualdad en 2011, y ha recibido el Premio del Observatorio contra la Violencia de Género de 2012, otorgado por el Consejo General del Poder Judicial.

lunes, 12 de febrero de 2018

MACABRAS

Si leíste mi última entrada, sabrás que hoy vengo a hablarte de la penúltima antología en la que participo con un relato, la primera que se publica este año. Vengo tarde, como de costumbre, pues el libro salió a la venta el 19 de enero, pero también sabes que cuando me desconecto durante un tiempo me cuesta mucho volver, y que cuando por fin encuentro el camino de regreso a Thèramon me olvido de que existe otro mundo más allá de mi procesador de textos. Sin embargo, no me gusta dejar asuntos pendientes, más que nada porque ocupan un lugar en mi cerebro que me impide centrarme del todo en lo que ande haciendo, así que disculpa mi retraso y permite que te presente a la criatura que ha nacido de la mano y el talento de un puñado de macabras a las que aprecio y de las que me siento muy orgullosa de ser compañera.

Un poco de historia para empezar:

MACABRAS empezó a gestarse allá por 2014, cuando los retos parecían llover sobre mi cabeza y yo estaba decidida a vencer a ese maldito bloqueo que me mantenía alejada no sólo de mi amado Thèramon sino de todas las historias que bullían dentro de mi cabeza y que no terminaban de salir por un montón de motivos de los que te he hablado en varias ocasiones. Bien, este reto en particular me atrajo mucho porque, por primera vez desde que decidí que podía escribir sobre un tema concreto, con un plazo de entrega y sabiendo que no iba a recibir más compensación por mi trabajo que el orgullo personal de haber sido capaz de hacerlo (y si acaso un ejemplar de cortesía por parte de la editorial que decidiera publicar la antología en cuestión), se me ofrecía la oportunidad de trabajar solamente con mujeres. A la mitad ya las conocía, porque habíamos participado en otras antologías, al resto las conocí dentro del grupo que formamos para la ocasión. Y, como era mi costumbre, me ofrecí a corregir todos los relatos para que quedaran bonitos, porque una buena presentación ayuda a la hora de mover cualquier trabajo. Así que, una vez más, puedo decirte que me encontré con una recopilación de relatos en la que primaban la variedad, la originalidad y la calidad literaria. Un orgullo, como te digo, formar parte de ese grupo de autoras, a las que años después se unió una ilustradora de gran talento que le puso rostro a cada uno de los relatos.

La idea era, por un lado, demostrar que las chicas también sabemos escribir terror, porque parece que a la hora de publicar algo el género condiciona el género, como te decía en mi última reflexión, y no debería ser así (si no leíste la última entrada y sientes curiosidad, pincha aquí). Por otro, hacer lo que mejor se nos da para ayudar a alguien. Queríamos que los beneficios de esta antología fueran a parar a alguna institución benéfica, pensamos en alguna que estuviera dedicada a ayudar a mujeres víctimas de violencia de género. Encontramos una. Pero por muchos motivos el grupo permaneció varios años ahí, silencioso e inactivo, hasta que una de nuestras compañeras decidió que había llegado el momento de mover la antología. Tamara Lòpez relevó a la persona que nos había reunido años atrás y se hizo cargo de la coordinación, y ya con la incorporación de María Pizarro y sus fantásticas ilustraciones, Macabras encontró editorial.

Y aquí la tienes:



Editorial Maluma
Número de páginas 302

Autoras: Bea Magaña – Cristina Béjar – Karol Scandiu – Beatriz T. Sánchez – Lorena Gil Rey – Rosa Galdo Millán – Alicia Pérez Gil – Lucía Pérez Sáinz – Montse N. Ríos – Pepa Mayo – Nidia Blackburn – Irene Comendador – Tamara López – So Blonde – Fayna Bethencourt

Prólogo: Eva Isanta
Portada e Ilustraciones: María Pizarro
Coordinadora: Tamara López
Corrección: Bea Magaña
Maquetación: Rain Cross

Sinopsis: Edgar Allan Poe, H. P. Lovecraft, Stephen King… Los tres maestros del terror tienen algo más en común que el género que los convirtió en iconos de la literatura: son hombres. El terror siempre ha estado ligado a lo masculino, como si el universo femenino, como si una mujer, no pudiera aterrorizarnos. Ya es hora de acabar con ese equivocado tópico de una vez por todas. Son muchos los nombres de escritoras que, durante años, nos han producido pesadillas gracias a sus historias; desde Shirley Jackson hasta Pilar Pedraza, pasando por Emily Carroll, Mary Shelley, Ann Radcliffe, Susan Hill, Anne Rice, Ángela Carter, Agatha Christie y Sarah Pinborough, entre otros. Todas ellas expertas en conseguir que durmamos con la luz encendida, todas ellas homenajeadas en Macabras gracias al magnífico grupo de autoras que ha reunido la sobresaliente Tamara López. Junto al prólogo de la actriz Eva Isanta, y las espectaculares ilustraciones de María Pizarro, Macabras es una antología hermosamente inquietante, el ejemplo perfecto de que el terror no es solo cosa de hombres, sino un género en el que las voces femeninas son capaces de darle interesantes y siniestras vueltas de tuerca.


Mi relato se titula La Reina Roja, y su peculiaridad es que está narrado a dos voces. Ya sabes que lo que más me gusta de esto de escribir es experimentar: con el tono, la forma, los tiempos, no sólo con las palabras, no sólo buscando argumentos que te sorprendan (aunque también me gusta ese reto). Aquí jugué con esas dos voces, la del narrador omnisciente en pretérito, la de Sarah en presente, y ambas enlazándose en cada cambio de escena para formar algo mágico y vivo, algo que te haga estremecer y acaso te traiga recuerdos de tiempos mejores, de infancia y juegos compartidos, de amor y deseo... enlazándose como hacen esas letras en hebreo para dar vida a lo que en apariencia no era más que un juego y en el fondo es mucho más que deseo y amor... O algo así. Si te desvelo la trama, no querrás adquirir la antología, y nos gustaría que le dieras la oportunidad, por nosotras, que la escribimos para tu disfrute, y por esas mujeres a las que intentamos ayudar a superar una clase de terror que, por desgracia, es más frecuente y más real que aquellos que nacieron de nuestra imaginación. 17 euros por 300 páginas y 17 ilustraciones es un buen precio, ¿no te parece?



martes, 6 de junio de 2017

TIEMPO PRESTADO

A veces, uno se pone a pensar en su vida (en lo que hace, en lo que le gustaría hacer, en lo que no se atreve a hacer; en lo que le rodea, en la gente que se empeña en ponerle las cosas difíciles, en la rutina asfixiante y desmotivadora; en lo que tiene, en lo que perdió, en lo que desea, en aquello en lo que ya no cree) y se deprime por cosas que en realidad no tienen tanta importancia. Porque, sabes, en la vida hay momentos buenos (que nos parecen muy pocos) y momentos malos (que se nos antojan demasiados), pero ninguna etapa dura eternamente. En tu vida personal, en la laboral, en la sentimental, siempre hay altibajos, y lo único que puede hacer que lo bueno pese más que lo malo es tu actitud. Si eliges rendirte y permites que el entorno te devore, que una situación te hunda, que la desesperanza te haga olvidar tus sueños y tus metas, estarás desaprovechando el tiempo que se te ha concedido, y bien saben los dioses que es limitado. Una enfermedad, un accidente, un ataque terrorista, un apocalipsis... desde lo más cotidiano hasta lo más inverosímil puede sobrevenir en cualquier momento y acabar con tu vida. Y, entonces, ¿qué? ¿Te lamentarás por todas las cosas que no hiciste, por todos los sueños que no cumpliste, por todos los abrazos que no diste, por cada oportunidad perdida? Cuando te amargas por tonterías, cuando te deprimes por culpa de una situación que, como todo en esta vida, tiene fecha de caducidad, cuando te rayas y en lugar de buscar motivos para seguir adelante te dedicas a encontrar excusas para no hacerlo, estás malgastando un tiempo precioso que no vas a poder recuperar. Porque, no te engañes, vas a morir, ese es el final del viaje para todos. A unos les llega antes, a otros después, pero a todos les llega el momento. Y ¿sabes lo peor de tener que morir? Que la Muerte te alcance sin que hayas vivido.

Hoy quiero utilizar este reflexión a modo de recordatorio (para ti, pero sobre todo para mí misma), y también como introducción a lo que vengo a mostrarte. A regalarte, más bien. ¿Recuerdas que hace unos días te dije que pronto habría novedades literarias? Bien, me refería a esta antología, la onceava en la que participo con un relato, la tercera que ve la luz este año. Ha tardado, pero al fin puedo decir, una vez más, que lo hicimos, que lo hice, y tenerla ya en mi Kindle, poder leerla en formato digital (después de haberla tenido en mi carpeta de textos para corregir sin las ilustraciones que ahora la acompañan) me llena de orgullo y no sólo me satisface, también me recuerda que el trabajo, la perseverancia, el deseo, la fe y las ganas son las únicas armas que necesitamos para vencer a la desesperanza, al miedo, a la desmotivación y a los monstruos que, con demasiada frecuencia, nos empujan a rendirnos y a morir antes de tiempo.

Hablemos de perseverancia, de ganas, de trabajo y de fe. Hace unos tres años, recibí una propuesta por parte de Sergio Fernández, un compañero de letras con el que había coincidido en Vampiralia. Sergio había decidido abrir su propia editorial, y su plan era estrenarla con una novela y una antología al mismo tiempo. Necesitaba un corrector, así que me propuso que corrigiera para él. Pagándome, por supuesto. Ya conoces mi máxima: si entre compañeros nos ayudamos, llegaremos más lejos. Así que acepté corregir sin cobrar. Y entré en el grupo de la antología. Como correctora, pero también como autora, si aceptaba el reto. Y ya sabes que no sé decir que no a un reto. La idea era escribir sobre gente que hubiera sobrevivido al fin del mundo. No sobre el modo en que acababa el mundo en sí, que de eso ya había muchos relatos por ahí, sino sobre los supervivientes, sobre qué tipo de civilizaciones surgirían tras un apocalipsis, sobre qué haría la gente que, tras haber superado su fecha de caducidad y haber vivido para contarlo, se encontrara de pronto viviendo un tiempo prestado. En el grupo había muchos compañeros de antologías, muchos buenos autores, muchos estilos diferentes. La calidad estaba asegurada, y pronto se demostró que también la originalidad. Y a mí me salió un relato, MOROI, una historia sobre monstruos que viven bajo tierra inspirada en La Máquina del Tiempo de H. G. Wells. Luego llegaron las ilustraciones, maravillosas, ya te lo digo, un trabajo fantástico. En pocos meses la antología estaba lista para ser publicada.

Pero... claro, la vida no es justa, ni fácil, y parece que siempre nos esté poniendo a prueba. Por motivos personales, Sergio no puedo llevar a cabo su propósito y la editorial en la que estaba trabajando nunca llegó a nacer. Así que el proyecto tuvo que cambiar de rumbo. Sabes, no era cuestión de tirar la toalla tan pronto. Sergio, como coordinador de la antología, se dedicó a buscarle editorial, y el grupo de escritores e ilustradores le apoyó en todo momento a lo largo de estos tres años. Sí, la vida nos pone a prueba, y en ocasiones saca lo mejor de nosotros. Puedo decir con orgullo que hemos tenido un coordinador estupendo y unos compañeros maravillosos y pacientes que jamás perdieron la fe ni en él ni en el proyecto.

A estas alturas de mi vida, y después de haber participado en una docena de antologías, no me sorprende que resulte tan difícil publicar una. Parece que el mercado está saturado, o que los editores y los lectores están aburridos de las recopilaciones de relatos de varios autores. Hubo conversaciones, varias negativas, algún casi, y por fin la decisión unánime de hacerlo nosotros mismos, pues tanto los relatos como las ilustraciones que los acompañan merecían ver la luz. Y de este modo, con la magnífica portada de Marco Gómez (quien hizo la ilustración para mi relato, añado con agradecimiento y orgullo), un prólogo escrito por Víctor Blázquez y tras un genial trabajo de maquetación por parte de Israel Alonso, Sergio subió TIEMPO PRESTADO. 20 relatos para después del fin del mundo, a la plataforma digital Lektu, desde donde te la puedes descargar de forma gratuita.


“Tiempo Prestado” es una antología de temática postapocaliptica, coordinada por Sergio Fernández, en la que tienen cabida géneros tan diversos como el terror, la fantasía o la ciencia ficción, donde la calidad narrativa de cada uno de sus autores brilla con luz propia, y los nombres de los mismos hablan por sí solos.
La antología se compone de un prólogo firmado por Víctor Blázquez, autor de la exitosa trilogía de temática zombi “El cuarto jinete”, publicada por Dolmen, entre otras obras de fuerte repercusión en el panorama nacional, y veinte relatos, acompañados todos por una ilustración personalizada.
Cada uno de estos relatos toca la temática postapocaliptica bajo el prisma personal de sus autores, destacando todos ellos por su originalidad y calidad narrativa. Si bien todos son muy diferentes entre sí, consiguen dotar al conjunto de la compilación de una consistencia y homogeneidad más que destacable, aunque no por ello repetitiva ni monótona.
Mención aparte merece el apartado de ilustraciones, que reflejan a la perfección la esencia de su correspondiente cuento. Los seis artistas han sabido dotar a cada una de sus obras de una calidad y un nivel difícilmente alcanzable en ninguna otra antología del panorama nacional.
“Tiempo Prestado” es muchos mundos diferentes comprimidos en uno solo, en los que el denominador común es la supervivencia en condiciones adversas, aderezado con altas dosis de terror, ciencia ficción, aventuras y fantasía.
Autores: Israel Alonso, Rain Cross, José Manuel Durán Martínez, Pablo García Naranjo, Moi Gascón, Marco Gómez, J. C. Ibarz, Tony Jiménez, Kiko Labiano, Daniel Lanza, Carlos J. Lluch, Bea Magaña, Javier Martos, Montiel de Arnáiz, Francisco José Palacios, Toni R. Pons, Lorena Raven, Daniel Rubio, Antonio Sánchez Vázquez, Beatriz T. Sánchez.
Ilustradores: Cecilia G.F., Marco Gómez, Juan Alberto Hernández, Daniel Medina, David Rendo, Nur Zaragoza.
Disponible en la plataforma digital Lektu, en formatos epub y mobi, y totalmente gratuita. Pincha en el enlace para descargarla.

Y tras esta noticia, permite que te dé un consejo: estás viviendo un tiempo prestado; procura aprovecharlo. ;)



lunes, 29 de mayo de 2017

FOTOS PARA EL RECUERDO

Hubo un tiempo en el que cada evento literario era un acontecimiento importantísimo que merecía su propia entrada en este blog, un relato al que llamaba No-Crónica llena de fotos y de agradecimientos. Pero el año pasado no hubo eventos, y casi no hubo entradas, porque no había novedades que compartir y las (pocas) veces que me senté a teclear fue para mí misma (ya sabes, mi necesidad de volver a escribir era más importante que la necesidad de comunicarme). Así, como el que ha perdido una buena costumbre por falta de continuidad, este año he dejado pasar la primera presentación sin venir a colgar fotos ni escribir una No-Crónica. Y no porque no fuera un acontecimiento importante para mí, pues cada reunión de escritores en la que participo, cada reencuentro con amigos, cada abrazo y cada charla sobre proyectos y el mundillo literario es un chute de energía que me recuerda por qué sigo empeñada en vencer en esa lucha interna que me traigo entre manos y por qué rendirse no es una opción, y me motiva y me ayuda a volver a sentarme delante del ordenador y a seguir haciendo crecer esas historias que dan vueltas dentro de mi cabeza y que no toman forma hasta que las dejo salir a través del teclado.

Bien, nadie va a hacerlo por mí, y mejor tarde que nunca. Aprovechando que ayer participé en otra presentación y que todavía me duran los efectos del chute energético, voy a colgar un par de foticos, a modo de homenaje y de agradecimiento, y sobre todo de recordatorio, para cuando vuelvan esos días en los que la realidad y la rutina me hacen pensar que soy un fraude cuando digo que soy escritora, dado que escribo muy poco y sigo sin publicar nada. La verdad, lo de publicar no es que me quite el sueño, pero ya estoy cansada se seguir poniéndome excusas para no escribir.

En marzo, aprovechando que estaba de vacaciones en el trabajo, pude viajar a Barcelona para participar en la presentación de la antología Aquel Extraño Hombre Alto de Ivan RuSo, publicada por la editorial Palabras de Agua (y cuyo enlace de compra encontrarás en el banner que tengo puesto en el lado derecho del blog). No voy a hacer una No-Crónica, sólo te diré que fue una tarde estupenda en compañía de amigos y compañeros de letras, que lo pasamos muy bien y que firmamos muchos ejemplares. La foto para el recuerdo:

Presentando junto a Antonio Sánchez Vázquez, Juan de Dios Garduño, Iván Ruso, Ana Coto y Miguel Chamizo


La de ayer fue la presentación de la antología MIERDA, publicada por Apache Libros (enlace de compra también en el banner de la derecha) en la Feria del Libro de Huesca. Ya que me perdí la primera presentación en Zaragoza (que, por cierto, fue un exitazo de público y de ventas), porque se hizo un sábado (el día 22 de abril) y no pude asistir, aproveché que en esta ocasión el evento tenía lugar en domingo (y que Athman M. Charles y su familia me invitaron a acompañarlos en su coche) y fui a dar esos abrazos guardados durante tanto tiempo, abrazos que me llenan de energía y que me ayudan a volver a escribir. La foto para el recuerdo:

Presentando junto a Daviz Rozas, Athman M. Charles, Ana Vivancos, Roberto Malo, Teresa Palomo y Rosa Vidal


No sé si voy a poder asistir a más eventos este año, pero sí sé que pronto tendré una nueva noticia que venir a compartir contigo. Sí, ya sé que lo de los relatos desperdigados por aquí y por allá no te hace tanta ilusión como la idea de una novela sólo mía publicada, pero estoy pensando en reunirlos todos y hacer un libro con ellos, y para eso tienen que ver la luz las últimas antologías que faltan. Así que espero que te alegres cuando salga la siguiente, porque eso significará que ya falta menos para que ese libro de relatos sólo míos sea una realidad.

Y ahora me voy a ver si esa energía me ayuda a seguir haciendo crecer alguna de las historias que tengo inacabadas. En marzo prometí que este año terminaba una novela. Y ya sabes que suelo cumplir los retos... aunque lo haga el último día del plazo marcado, je.


lunes, 20 de marzo de 2017

MIERDA

Esta entrada es para decirte que no hay sueños imposibles. Que hasta las fantasías más delirantes pueden llegar a hacerse realidad si crees en ti, te mueves y perseveras.

Pero deja que haga un poco de historia a modo de introducción.

Allá por 2014, cuando empecé a escribir relatos para antologías en un intento de vencer el bloqueo que me impedía volver a mis novelas inacabadas, y después de ser invitada a participar en Family Nightmares y en Santa Wiik (mira a la derecha, donde están los banners, para hacer memoria), mi amiga Wiss (Ana Vivancos), con quien participé más tarde en Mascotas y a la que pude dar un abrazo mucho tiempo guardado durante el cónclave Penumbra que se celebró en Zaragoza en 2015, me aceptó como miembro de un selecto grupo de autores locos que se disponían a escribir un puñado de relatos, digamos, insólitos. Y es que hay que estar un poco loco para querer escribir sobre la mierda, ¿no te parece?

En realidad no fue Wiss quien me propuso participar (por entonces Wiss y yo no nos conocíamos), sino David Rozas, mi colega de antologías y (hasta hace poco) coordinador de La Pastilla Roja, para la que corrijo desde que viajé con Athman a la Eurocon. Rozicas, que había leído «La cofradía del Cristo del Mal Rollito» mientras pergeñábamos la Santa Wiik en otro de esos grupos selectos que maquinan y trabajan desde las sombras, debió de pensar que la niña que no sabía resumir estaba más que preparada para seguir pariendo relatos, y que su humor ligeramente malsano encajaría sin problemas en una antología escatológica. Nada más lejos de la realidad, te lo aseguro. Le aseguré. Porque una cosa es parir un relato, y otra muy distinta es cagarlo. Y yo soy estreñida por naturaleza, además de muy aprensiva para según qué temas, y eso de hablar de cacas y tal me da tanto apuro como hablar de sexo (dijo la escritora de fantasía épica que actualmente se halla enfrascada en la reescritura de la novela erótica que escribió hará unos quince años). Pero Rozicas dijo que podía hacerlo, y ya sabes que no puedo resistirme a un reto, y menos cuando quien me lo propone afirma que cree en mí.

Bien, entré en el grupo, y ¿qué encontré allí? Pues lo mejor de lo mejor de la literatura nacional, plumas cargadas de talento y mentes retorcidas que te las hacen pasar canutas con sus relatos de terror, y también un puñado de autores a los que no conocía y que resultaron ser tan buenos como aquellos con los que ya había colaborado en alguna antología, a los que había corregido o simplemente leído. Puesto que la mayoría ya nos conocíamos, pronto me sentí como en casa. Y fue muy divertido trabajar con ese equipo, eso te lo puedo asegurar.

Pero cuando se empezaron a colgar los primeros relatos, pensé que a lo más que podía yo aspirar en ese grupo era a echar una mano con la corrección, porque ¿qué podía aportar yo, que pronuncio la palabra caca y me ruborizo de la vergüenza? Había mucha calidad literaria en esos relatos (y no me preocupaba no estar a la altura, eso nunca me ha preocupado; ya sabes que son los propios lectores los que dicen que Bea Magaña es sinónimo de calidad literaria), pero también había mucha mierda, muchísima: mierda en la antigua Grecia, mierda en el espacio, mierda en el aire, mierda en las cañerías, en retretes públicos, en fragmentos de películas, en contratos bancarios, en piezas de arte, en suelas de zapatos, en tazas de café, en la bañera... 8D ¿Qué mierda podía escribir yo que resultara original, divertida y escatológica (y que no me obligara a renunciar a esa elegancia que caracteriza a mis textos)?

Si me conoces un poco, podrás adivinar lo que ocurrió.

Exacto. Siempre soy el elemento discordante. Donde todos optan por los sueños macabros, yo me decanto por la metaliteratura con final esperanzador (Onírica), donde todos hablan de monstruos malvados, yo retrato a una criatura (casi) bondadosa (Aquel Extraño Hombre Alto), donde todos masacran a una familia, yo prefiero una especie de reunión familiar (Family Nightmares), allí donde todos tiran por los demonios, yo me meto en un videojuego (Devoradores de Almas)... Y allí donde todos se embadurnan de mierda hasta las cejas, yo escribo sobre el estreñimiento. Pero, eh, cada uno escribe sobre lo que mejor conoce, ¿no es cierto? 8D

Escribí mi relato (que no es de lo mejor que he escrito en los últimos tres años, lo reconozco, pero que tiene un algo y por el que siento un cariño especial, ya que está basado en hechos reales) y el grupo decidió que era una mierda 8D y lo aceptó. También corregí los de mis compañeros, y me sorprendió la variedad, y me maravilló la calidad que encontré, y no paré de reír mientras los dejaba limpitos de erratas para que, cuando por fin tuvieras el libro en las manos, no pudieras sino quitarte el sombrero y decir ¡Mierda!, Se lo han currado mucho, estos locos y valientes autores (y es que hay que ser muy valiente para arriesgarse a perder el respeto de tus lectores al cambiar radicalmente de registro y atreverte con un género que, cuando menos, resulta poco serio, y cuando más, hasta polémico).

Y ahí estaba el escollo al que habría de enfrentarse esta antología hecha más con las tripas que con el corazón 8D Porque, a ver, ¿qué editor estaría tan loco como para apostar por nuestra antología? En fin, lo hemos pasado bien, que es de lo que se trataba, hemos sido un equipo cojonudo y hemos compartido muchos chistes escatológicos y muchos memes de mierdas de todos los colores durante estos años. ¿Alguno esperaba en serio que nuestro proyecto llegara a hacerse realidad?

Pues, mira por dónde, yo sí lo esperaba. Y así se lo dije a Wiss cuando nos vimos en Zaragoza. Has coordinado una antología fantástica, Wiss; es original, es irreverente, es divertidísima, es atrevida, tiene muchísima calidad literaria y, para bien o para mal, va a dar mucho que hablar. Esta Mierda apesta a éxito. Así que no te rindas, muévete, sé tenaz, porque le encontrarás un buen hogar. Yo creo en ella, y creo en ti.

Wiss fue tenaz, y perseverante, se movió, le buscó un editor, creyó en esta antología. Y ahora, tres años después de que su loca idea nos llevara a juntarnos para hacer algo que nadie había hecho antes, nuestra Mierda se ha hecho realidad. De la mano de José del Río Fortich, hombre valiente e inteligente (pues vio el potencial que tenía esa colección de cacas y apostó por ella) y su editorial, Apache Libros, te presento con orgullo, algunas arcadas, mucho papel higiénico y el deseo de que disfrutes de la lectura tanto como nosotros disfrutamos de la escritura, nuestra MIERDA.



Pronto fecha de lanzamiento y más información.

Recuerda: cree en ti, muévete, persevera. Incluso los sueños más impensables se hacen realidad.


miércoles, 22 de febrero de 2017

Aquel Extraño Hombre Alto. Preventa


Hace tiempo que vengo diciéndote que este año vas a ver varias publicaciones que incluyen un relato mío, pero no te he hablado de ninguna de ellas todavía, y es que (como también te he explicado muchas veces) mientras no hay una portada o una fecha de lanzamiento me toca guardar el secreto como una chica buena, aunque me esté muriendo de ganas por contarte cositas chulas.

Bien, pues ya puedo hablarte de la primera de ellas. Se titula Aquel Extraño Hombre Alto, y es una antología de relatos de terror en la que, contrariamente a lo que suele ocurrir, los autores somos el acompañamiento y las ilustraciones son las protagonistas indiscutibles.

Orígenes: Aquel Extraño Hombre Alto nace de la imaginación del ilustrador Iván RuSo, y surgió sin un propósito concreto, como explica el propio artista en el prólogo del libro, que se limitó a dibujar sin tener claro lo que buscaba y que el propio personaje se fue creando a sí mismo. Así nos lo pareció a muchos que lo vimos por primera vez en Facebook o en Twitter, que era un personaje que poseía vida propia y una fascinante historia que contar. Fuimos muchos los que enseguida nos sentimos atraídos por él, y con cada nueva ilustración de Iván RuSo nuestra imaginación lo iba ubicando en un escenario y le iba creando un pasado e inventándole una historia que pronto, animados por el entusiasmo de un puñado de intrépidos que mostraron un gran interés hacia él y lo vieron convertido en el protagonista de su propio libro de cuentos, nos pusimos a teclear. De este modo se conformó la antología que hoy te presento, compuesta por trece relatos que giran en torno a este fascinante personaje que inspiró a catorce autores de gran talento, entre los cuales puedo decir con orgullo que me encuentro. Y son trece relatos fantásticos, te lo digo con conocimiento de causa, ya que, una vez más, mis rotus de colores y yo hemos sido de los primeros en poner los ojos sobre ellos.


SINOPSIS
Habita en lo más profundo del bosque. Sonidos aterradores de crujientes ramas son su voz y aunque carece de ojos, puede verte. No está hecho de huesos, pero sus afiladas zarpas pueden destriparte de un solo golpe. No te conoce, pero va a por ti. Lo reconocerás por su sombrero de copa alta, por sus brazos hechos de ramas y por la sangre que salpica su ser. Escóndete, corre, huye, presenta batalla si así lo prefieres… Pero él tiene hambre, un hambre que no saciará, por muchas personas que mate, por muchos niños que atrape.

Aquel extraño hombre alto es el inquietante personaje creado por el ilustrador barcelonés Iván Ruso. En estás páginas podrás encontrar trece macabros relatos escritos por catorce autores del género de terror. Acompañados por numerosas ilustraciones que no podrás dejar de mirar.
NO MOLESTES AL BOSQUE O LO QUE HABITA EN ÉL DESPERTARÁ

Páginas: 280 (24 a color)
Género: Terror
Editorial: Palabras de Agua
Coordinador: Javier Martos
Autores: Javier Martos, Iván RuSo, Juan de Dios Garduño, Pablo G. Naranjo, Antonio Sánchez Vázquez. Sara Oliveira Ávila, Álvaro de la Riva, Ed Kürten, Sergio Llamas. Juanma Nova García, Bea Magaña. Rain Cross, Cristina Béjar, Miguel Chamizo, Tony Jiménez, J. A. Campos (Toluuuu)


La preventa está activa en la web de la editorial Palabras de Agua. Puedes encargar tu ejemplar pinchando en este enlace.



miércoles, 2 de noviembre de 2016

Otro Halloween, otro regalo


Otro Halloween a la espalda, y como es tradición vengo a compartir contigo un relato de terror. Sí, lo sé, ya ha pasado la noche de Halloween, pero ¿acaso importa? Te traigo un relato, que es de lo que se trata. Y te lo traigo hoy porque es hoy cuando por fin está disponible. No creas que es fácil coordinar a una treintena de autores por medio de Facebook en un tiempo récord, leer, seleccionar, revisar y maquetar a contrarreloj; el proyecto se ha demorado dos días, bueno, no vamos a ponernos tiquismiquis. El incombustible Athman y el tenaz Toluuu, junto con James Crawford Publishing, se han pegado la currada padre para que pudieras tener en tus manos una antología delirante y fantástica, y además la han colgado en Lektu para que puedas descargártela gratis, así que lo menos que podemos hacer es aplaudir, dar las gracias y correr a pinchar en el enlace. ¿Ya te he dicho que es gratuita? 8-)

Ah, ¿que de qué va la cosa? Claro, claro, no te he dicho nada todavía; ya sabes que no suelo hablar de lo que voy haciendo a menos que tenga una portada que enseñarte, o una fecha de publicación. Hay varios relatos míos por ahí, muy bien acompañados, por cierto, de los que no he hablado porque quiero que permanezcan en secreto hasta que pueda mostrártelos (ya sabes que soy muy celosa de lo mío y que no me gusta presumir ni vender humo), y este que te traigo hoy es uno de ellos. Además, esto de los retos exprés es lo que tiene: primero, que no sabes si vas a ser capaz de escribir un relato sobre un tema concreto en un plazo minúsculo; segundo, que no sabes qué va a pasar con la antología en cuestión; y tercero, que todo va tan deprisa que no te da ni tiempo a crear un mínimo hype, porque la cosa sale a la luz antes de que te des cuenta.

Bien, así ha sido ONÍRICA. Hijos de Iquelo. Una idea de Athman M. Charles (y cito sus palabras) en la que más de treinta autores rendimos tributo a lo onírico, lo surrealista, lo experimental, utilizando el mundo de los sueños, las alucinaciones, la locura, la metaliteratura o la introspección para hablar de lo intangible, de lo que existe más allá de nuestra propia percepción.
Donde los límites de lo real se difuminan por completo cuando percibimos retazos de otros mundos, sean posibles o solo fruto de nuestras propias obsesiones, pesadillas, dudas y deseos, como parte de una realidad que desconocíamos, pero que se manifiesta ante nosotros de manera tan absurda como tangible y de la que somos involuntarios creadores, y a la que, como antiguos demiurgos, damos forma, aliento y vida. Al franquear ciertas puertas que mantenemos ocultas en la parte más oscura y secreta de nuestra psique, se nos aparecen Lynch, Buñuel o Richard Kelly haciéndonos sentir como Alan Wake en El País de las Maravillas.

Se dice que los sueños reflejan los deseos y anhelos del subconsciente. Y que las pesadillas, los temores. Pero no siempre es así. A veces los roles se intercambian. O se mezclan. O se distorsionan. Y las líneas entre lo soñado, lo deseado, lo temido y lo vivido se desvanecen como los recuerdos de esos sueños tras despertar.
Paranoia, surrealismo, demencia, fantasías, extravagancia… Todo eso, y más, aparece conformando los sueños. ¿O quizá no son solo sueños, sino recuerdos de otras realidades, de otras vidas? Cada uno debe decidirlo, descubrirlo, al igual que han hecho los treinta y dos autores que conforman esta antología.
Porque los sueños, no siempre sueños son…

Bueno, pues aquí vas a encontrar un relato mío, ése que te traigo para cumplir con la tradición, como cada año desde que me inicié en esto de los blogs. Se titula Sicigia. ¿Y qué puedo decirte de él? Es onírico, tanto en el tono como en el contenido, es surrealista, en él los límites de lo real se difuminan por completo, como dice Ath; es, digamos, una paranoia visual rica en detalles, diría que en cierto modo es introspectivo, y me he decantado por la metaliteratura. No puedo decirte más, no debo hacerlo. Pues cada relato pertenece al lector tanto como al escritor, y cada lector encuentra en él cosas distintas, y nada de lo que yo diga sirve de mucho, pues eres tú quien, tras leerlo, te vas a formar un juicio y te vas a llevar una impresión u otra. Así que te invito a leerlo y, si después te apetece, a venir a contarme qué te ha parecido. Porque escribo para mí, ya lo sabes, pero también escribo para ti, también lo sabes. Y hace mucho que esperas algo nuevo salido de mi pluma. Espero que este relato, este regalo que te traigo hoy, te complazca. Yo he disfrutado muchísimo escribiéndolo.

martes, 1 de marzo de 2016

¿Tradición? Pues me gusta la idea, oye.

Si el año pasado por estas fechas venía a contarte que dos de las antologías en las que había participado en 2014 habían sido nominadas a los II Premios Ultratumba (muy contenta, porque el año anterior había sido mi propia novela la nominada a los II Premios Pasión por la Novela Romántica, y que se repitiera en cierto modo la historia me llenaba de entusiasmo), hoy vengo a darte la noticia de nuevo: esta vez ha sido MASCOTAS (La Pastilla Roja Ediciones) la nominada a mejor antología del año en la tercera edición de los Premios Ultratumba. Mola, ¿eh?

Si esto va a convertirse en una tradición, no le pondré pegas, je.



El año pasado escribí relatos para varias antologías, pero solamente se publicaron dos de ellas. Una fue Mascotas, y a día de hoy sigo sintiéndome muy orgullosa de mi URD. Ya sabes que, además de autora, soy parte del equipo de La Pastilla Roja, la que se lee todos los relatos y los deja limpitos de erratas para que tú disfrutes al cien por cien de la lectura, así que me siento doblemente contenta por esta nominación. Y también sabes que no tengo por costumbre pedir nada para mí, pero, ¡qué narices!, quien no pide no consigue, así que vengo a dejarte el enlace en el que puedes entrar a votar por nuestra antología (VOTAR nominados). Que otros harán más ruido y llegarán más lejos, pero que no se diga que yo no moví un dedo por defender lo mío, je.




Y esto es todo por hoy. Puede que no te parezca gran cosa, pero es una nominación, y me hace feliz. Que sí, que ya sé cómo va esto: gana quien tenga más amigos o quien haga más ruido. Pero, ¡eh!, nos han nominado, y eso ya es un premio ;)

domingo, 2 de agosto de 2015

Una espinita


¿Tres meses sin decir ni mu? ¡Por todos mis dragones! Este año me estoy luciendo :P
Sí, vale, que el tiempo no es elástico y estoy metida en mil proyectos, pero eso no es excusa para no actualizar el blog cuando pasa algo que quiero compartir. Y desde abril han pasado algunas cositas.

Jolines. No vine a contarte mi viaje a Barcelona en Sant Jordi, tampoco vine a hablarte del encuentro del Club Lletraferits que tuvo lugar también en Barcelona unos días después. Abrazos, conversaciones de lo más interesantes y motivadoras, dos docenas de fotos que no sé a dónde han ido a parar porque fui a descargarlas y las borré del móvil y no sé en qué carpeta se guardaron (si se guardaron, claro, que ya sabes que la tecnología y yo no nos llevamos bien). No vine a decirte que ¡SÍ! conseguí terminar el relato que tenía pendiente. Tampoco a compartir las nuevas reseñas que habían salido de Vampiralia. (Bueno, esto puedo hacerlo ahora, que tengo guardados los enlaces por alguna parte). Tampoco vine a decirte que ¡por fin! conseguí que el capítulo problemático de Z (por culpa del cual esa historia llevaba dos años parada) encajara y dejara de ser un problema para continuar escribiendo (aunque no he seguido escribiéndola, porque no he parado de corregir en todo este tiempo).
Vaya, que dije que me iba a desconectar un poco para centrarme en un par de proyectos y resulta que me he desconectado más de lo que pensaba.

Bueno, voy a intentar ponerme al día. Pero poco a poco, que tampoco quiero hacer un popurrí y mezclar asuntos. Empezaré por las reseñas de Vampiralia, que tengo una espinita clavada y necesito desahogarme.

Vamos con la primera que llegó después de que el Doctor Motosierra la diseccionara en su mesa de autopsias literarias. Llegó en mayo, desde El Rincón de Nesa, y salimos muy bien parados. Me encantó lo que dijo de mi relato, porque ella sí que entendió lo que yo había querido hacer:

Cuando empecé a leer No me dejes, de Bea Magaña, no supe qué pensar. Me gustó volver a Salem's Lot, recordar la taberna de Dell, la inquietud que provocó la desaparición del pequeño de los Glick, el perro colgado de la verja del cementerio y, por supuesto, la casa de los Marsten. La historia de King volvió a mi cabeza como si acabase de leerla y, obviamente, supe enseguida qué le sucedería a la pareja protagonista… Pues no, iba desencaminada. Un buen relato, se haya leído El misterio de Salem´s Lot o no.

Puedes leer la reseña completa aquí.

Y ahora la segunda, que apareció en un blog del que nunca había oído hablar y venía firmada por un tipo al que no conozco. Creo que no le gustó mucho, aunque no me quedó muy claro. O sea, el autor de la reseña fue desgranando cada relato y puntuándolos, y hubo unos pocos que recibieron un 7, y muchos que no llegaron al 5. En fin, he aquí lo que dijo de mi relato:

El cuento ‘No me dejes’ (Bea Magaña) me ha dejado, y nunca mejor dicho, un gusto agridulce. Pero con un resto más amargo que dulce, por desgracia. Narrado de manera eficiente, aunque sin florituras, lleva a al autor a través de la historia sin excesivos defectos formales. Ley Salem’s Lot hace más de veinte años, por lo que seguro que aparte de la casa y Barlow se me han escapado muchos detalles. ¿Quizá la referencia al solar, o las fechas de la semana? ¿El cuento se ha basado en la novela tanto como para exigir su lectura para comprender todo? Lo ignoro, y a estas alturas no voy a ponerme a leer esa novela. Así que no valoro, ni en un sentido positivo ni negativo, la relación con la obra de King. Desconcierta un poco la manera en que se trata el rol de protagonista: durante el primer tercio del cuento crees que es el marido y de repente te das cuenta de que ahora la narración se olvida de él y se centra en la mujer. No puedo negar que eso me ha mosqueado un poco, pero tampoco le he dado mucha importancia. Lo que sí que me ha cabreado, y mucho, es el supuesto clímax: tramposo es poco. Torticero, sacado de quicio, irracional. No puedes llevar al lector durante todo el camino por un sendero, trazar ese camino de una manera muy clara, y en los últimos cinco párrafos contradecirte a ti mismo y salirte con justo lo contrario. No, señora Magaña, no. Esa sorpresa final se carga lo que el primer protagonista narra en su parte. Pero lo malo no es que se lo cargue, sino que lo hace sin dar ninguna argumentación, ni siquiera velada. La sorpresa por el mero hecho de la sorpresa. No. Por todo ello, por ese gusto agridulce, debo otorgarle un 5.

Bien, a día de hoy todavía no sé cómo tomarme esta opinión. Verás, lo de que no se puede gustar a todo el mundo es algo que tengo más que claro, y lo de que a un lector no le mole mi relato por el motivo que sea no me molesta ni me desmotiva. Pero que me llamen tramposa me ofende, y mucho. Porque soy la primera que critica un texto mal planteado, poco creíble, que hace aguas por algún sitio o en el que el autor se ha sacado de la manga un final cogido por los pelos, y por ese mismo motivo me esfuerzo mucho a la hora de ir dejando pistas para que, cuando el lector llegue al final, se sorprenda (o no, si ha encontrado las pistas) y no se sienta timado. Hay una diferencia importante entre jugar con los prejuicios del lector y darle un desenlace que no esperaba y engañarle. Y hay un par de párrafos en ese relato en el que cualquier lector (aunque sea en una segunda lectura) verá que no hay trampa en el final que yo elegí para mi relato.

En algún momento llegó a vislumbrar lo que sucedía a su alrededor, pero su cerebro nublado por la angustia no llegó a asimilarlo.
Linda despertó al atardecer, con dolor de cabeza, la boca pastosa y los nervios en tensión. No comió, sentía un nudo en el estómago que le impedía probar bocado a pesar del hambre que siempre acompañaba al despertar y a la resaca.
La sangre huyó de su rostro y el corazón se le paralizó cuando recordó lo que había visto la noche anterior. Con el recuerdo llegó la comprensión, y con ella el miedo.

Pistas. No se trata de decirlo claramente, porque entonces no hay sorpresa final. Pero ahí están, las pistas, para el lector que quiera o que sepa encontrarlas. Así que no me llamen tramposa. Y no digan que el final es irracional o sacado de quicio.

En cuanto a su pregunta: ¿El cuento se ha basado en la novela tanto como para exigir su lectura para comprender todo? Pues diré que intenté que se basara tanto en esa novela, por si algún fan de King lo leía y veía las referencias (al Solar, a sus personajes, y también a las fechas, que una es muy meticulosa), pero creé mis propios personajes para que cualquier no fan de King pudiera disfrutar del relato aunque no hubiera leído la novela a la que homenajea.

En cuanto a su desconcierto (durante el primer tercio del cuento crees que es el marido y de repente te das cuenta de que ahora la narración se olvida de él y se centra en la mujer) sólo puedo decir que el protagonista no es el marido, y tampoco la mujer. El protagonista es el pueblo, el Solar (con mayúscula, reseñador desconocido), y la enfermedad de Linda, a la que comparo con un vampiro, porque eso era lo que quería contar, porque ésa era la herida que necesitaba sanar:

en forma de locura, primero, y de depresión después, la oscuridad se había instalado en su casa como un familiar indeseado y todos los esfuerzos de James no habían servido para librarse de ella, pues era Linda quien le había abierto la puerta y le había dado la bienvenida a su alma. Con el transcurso del tiempo, aquella oscuridad había ido succionando la vida de su matrimonio como un vampiro que, noche tras noche, acudiera a alimentarse tras haber sido invitado.

Y, por cierto: (Ley Salem’s Lot hace más de veinte años) se escribe Leí. (Tenía que decirlo).

Bueno, que si quieres leer todo el tocho de reseña puedes pinchar en este enlace.

Y ahora que me he sacado esa espinita, voy a seguir corrigiendo un rato, que no sé cómo me las apaño para tener mi carpeta de encargos (ya no se llama de asuntos pendientes, pero de nuevo, como el año pasado, tengo varios pendientes) llena otra vez. Intentaré volver pronto, que hay tres libros de los que quiero hablarte. En dos de ellos he colaborado como correctora, y en el tercero hay un relato mío. Y es imperdonable que no haya venido a hablarte de esto.