jueves, 12 de abril de 2018

MANUAL DE SUPERVIVENCIA


Últimamente sólo aparezco por mi rinconcito virtual cuando tengo novedades literarias. Debería venir más a menudo, lo sé, comunicarme me sienta bien y me ayuda a escribir con más regularidad. Pero, como ya sabes, mi voluntad no se encuentra en su momento más álgido, y trato de aprovechar todo mi tiempo libre para rescatarla de ese abismo mezcla de desmotivación y desidia en el que se encuentra —en el que me hallo yo misma— bien leyendo, bien corrigiendo, hasta que consigo volver a enfrentarme a la página en blanco y teclear unos cuantos párrafos que, si bien no parecen dar muchos resultados, van haciendo crecer una historia u otra de esas muchas que tengo por ahí empezadas y que —no me preguntes por qué estúpido motivo— no me atrevo a continuar hasta terminar.

Que sí, que sigo poniéndome excusas para no sentarme ante el teclado y ponerme a aporrear las teclas como si no hubiera un mañana. Pero al menos no lo niego ni lo oculto. Quiero creer que es el primer paso para superar el problema que sea que tengo.

Pero vayamos al grano:

Hoy vengo a presentarte la última antología en la que participo, esta vez en compañía de más de cincuenta fantásticos escritores e ilustradores, entre ellos varios ganadores de los más prestigiosos premios dedicados a la fantasía, la ciencia ficción y el terror en España. Un lujo contarme entre ellos, vaya.

Un poco de historia para empezar:

MANUAL DE SUPERVIVENCIA comenzó a gestarse allá por 2014, ya sabes, cuando los retos parecían llover sobre mí —claro, si no, ¿cómo me encontraría yo formando parte?, je—, y la invitación a participar me llegó de la mano de Daniel Estorach, querido amigo, mi Alfa literario y autor de la trilogía Crónicas de un héroe urbano, y cómo decirle que no, si me apetecía mucho colaborar con él y era un reto al que no podía negarme. Porque, verás, los relatos debían estar inspirados y ambientados en el universo Tiempo de Héroes, proyecto que nació a raíz de la primera novela de Daniel, Hoy me ha pasado algo muy bestia, y yo por aquel entonces estaba escribiendo casi solamente terror. Así que ponerme en la piel de un superhéroe de carne y hueso era un reto tanto como lo era escribir un relato, porque yo de heroína tengo más bien nada, si acaso sería un poco el antihéroe. Y de ahí nació la idea para mi historia, que titulé EL MALO y de la que puedo decirte que trata un poco sobre el bullying y un poco sobre hombres sin escrúpulos que maltratan a las mujeres porque sí, porque pueden. Y es que de eso va esta antología, de héroes muy humanos que se enfrentan a los problemas reales de nuestra sociedad.

MANUAL DE SUPERVIVENCIA es una antología ilustrada, y por eso el proyecto se demoró más de lo previsto, pues al grupo inicial de autores que Daniel había convocado se unió poco a poco un elenco de ilustradores que, con diferentes estilos y muchísimo arte, pusieron rostro a cada uno de los relatos. El mío corrió a cargo de Juan Alberto Hernández, que supo reflejar la esencia de lo que yo quería contar y al que estoy muy agradecida por su dibujo, con el que mi protagonista se vio perfectamente identificado ;)


MANUAL DE SUPERVIVENCIA es, además, una antología solidaria, cuyos beneficios íntegros irán destinados a la Fundación Ana Bella de ayuda a mujeres maltratadas. Eso la convierte en una obra muy especial. Porque la violencia machista y de género es un problema muy grave, y con decir #NiUnaMenos o #ContraLaViolenciaDeGéneroLaFuerzaDeTodos no es suficiente. Y saber que podía poner mi granito de arena haciendo lo que mejor sé hacer para ayudar a una institución que intenta que ese problema se erradique y que las mujeres maltratadas vuelvan a sentirse seguras y recuperen la ilusión y la alegría, qué quieres que te diga, me hizo desear que la antología viera pronto la luz y se vendiera mucho. Además de que me ayudó a volver a teclear sin miedo.


Y aquí la tienes:



Título: MANUAL DE SUPERVIVENCIA
Páginas: 402
Ilustrador de la portada: Jordi Armengol
Coordinadores: Daniel Estorach, Juan González Mesa, Antonio González Mesa
Editorial: ApacheLibros (edición en papel) y Palabristas Press (edición digital)
Autores e Ilustradores: Alicia Pérez Gil — Alejandro Castroguer —Víctor Blázquez — Iván RuSo —Sergio Bleda — Mieria Dedalus — Fayna Bethencourt — Alejandro Colucci — Jennifer Rubio — Montiel de Arnáiz —Allan J. Arcall — Miquel Giménez Gómez — Lem Ryan — Nieves Delgado — Jordi Armengol — Elías Santos — Bea Magaña — Ricard Ibáñez — Juan Alberto Hernández — Ricard Ruiz Garzón — Carlos J. Lluch — Sofía Rhei — Carolina Bensler — Alberto M. Caliani — Claudio Cerdán — Santiago Eximeno — David Rendo — Kike Alapont — Díaz de Tuesta — So Blonde — Santiago Ramos — Cecilia C. F. — Eduardo Vaquerizo — Nacho Fernández — Begoña Fumero — Tony Jiménez — Álvaro Fuentes — Lorena Carvalho — Pablo Uría Díez — Daniel Eduardo Mendoza — Javier Martos — Verónica Casas — Miguel Santander — J. G. Mesa — Marco Gómez Gómez — Jose Barrero — Daniel Medina Ramos — Estela Gaona — Aniel Dominic — Calaveradiablo — Manuel Moledo — David Fajardo — Antonio G. Mesa
Precio: 14,90 € (en papel) y 3,95 € (en digital)

Puede adquirirse en las webs de ambas editoriales y a través de la plataforma digital Lektu.

Web de Apache Libros: https://apachelibros.com/

Web de Palabristas: https://www.palabristas.com/

Web de la Fundación Ana Bella: https://www.fundacionanabella.org/


Apache Libros y Palabristas Press son dos de las editoriales independientes punteras de la literatura de género en español. El editor de Apache, José del Río Fortich, es además presidente de la asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror (AEFCFT), mientras que la editora de Palabristas, Cristina Macía, es la traductora de Canción de Hielo y Fuego, de George R. Martin. Palabristas está especialmente implicada en la promoción de literatura escrita por mujeres.

La Fundación Ana Bella Red de Mujeres Supervivientes, con sede en Sevilla, ayuda a una media de 1.200 mujeres maltratadas al año. Para ello ha puesto en marcha diversos proyectos, entre ellos el Programa Amiga, la Escuela para el Empoderamiento de la Mujer y Talleres de testimonios positivos. Su fundadora, Ana Bella, inició en 2002 la Red de Mujeres Supervivientes, creando una entidad sin ánimo de lucro con la misión de construir una sociedad en igualdad y libre de violencia hacia las mujeres.
Su labor ha sido reconocida entre otros por el Ministerio de Servicios Sociales e Igualdad en 2011, y ha recibido el Premio del Observatorio contra la Violencia de Género de 2012, otorgado por el Consejo General del Poder Judicial.

lunes, 12 de febrero de 2018

MACABRAS

Si leíste mi última entrada, sabrás que hoy vengo a hablarte de la penúltima antología en la que participo con un relato, la primera que se publica este año. Vengo tarde, como de costumbre, pues el libro salió a la venta el 19 de enero, pero también sabes que cuando me desconecto durante un tiempo me cuesta mucho volver, y que cuando por fin encuentro el camino de regreso a Thèramon me olvido de que existe otro mundo más allá de mi procesador de textos. Sin embargo, no me gusta dejar asuntos pendientes, más que nada porque ocupan un lugar en mi cerebro que me impide centrarme del todo en lo que ande haciendo, así que disculpa mi retraso y permite que te presente a la criatura que ha nacido de la mano y el talento de un puñado de macabras a las que aprecio y de las que me siento muy orgullosa de ser compañera.

Un poco de historia para empezar:

MACABRAS empezó a gestarse allá por 2014, cuando los retos parecían llover sobre mi cabeza y yo estaba decidida a vencer a ese maldito bloqueo que me mantenía alejada no sólo de mi amado Thèramon sino de todas las historias que bullían dentro de mi cabeza y que no terminaban de salir por un montón de motivos de los que te he hablado en varias ocasiones. Bien, este reto en particular me atrajo mucho porque, por primera vez desde que decidí que podía escribir sobre un tema concreto, con un plazo de entrega y sabiendo que no iba a recibir más compensación por mi trabajo que el orgullo personal de haber sido capaz de hacerlo (y si acaso un ejemplar de cortesía por parte de la editorial que decidiera publicar la antología en cuestión), se me ofrecía la oportunidad de trabajar solamente con mujeres. A la mitad ya las conocía, porque habíamos participado en otras antologías, al resto las conocí dentro del grupo que formamos para la ocasión. Y, como era mi costumbre, me ofrecí a corregir todos los relatos para que quedaran bonitos, porque una buena presentación ayuda a la hora de mover cualquier trabajo. Así que, una vez más, puedo decirte que me encontré con una recopilación de relatos en la que primaban la variedad, la originalidad y la calidad literaria. Un orgullo, como te digo, formar parte de ese grupo de autoras, a las que años después se unió una ilustradora de gran talento que le puso rostro a cada uno de los relatos.

La idea era, por un lado, demostrar que las chicas también sabemos escribir terror, porque parece que a la hora de publicar algo el género condiciona el género, como te decía en mi última reflexión, y no debería ser así (si no leíste la última entrada y sientes curiosidad, pincha aquí). Por otro, hacer lo que mejor se nos da para ayudar a alguien. Queríamos que los beneficios de esta antología fueran a parar a alguna institución benéfica, pensamos en alguna que estuviera dedicada a ayudar a mujeres víctimas de violencia de género. Encontramos una. Pero por muchos motivos el grupo permaneció varios años ahí, silencioso e inactivo, hasta que una de nuestras compañeras decidió que había llegado el momento de mover la antología. Tamara Lòpez relevó a la persona que nos había reunido años atrás y se hizo cargo de la coordinación, y ya con la incorporación de María Pizarro y sus fantásticas ilustraciones, Macabras encontró editorial.

Y aquí la tienes:



Editorial Maluma
Número de páginas 302

Autoras: Bea Magaña – Cristina Béjar – Karol Scandiu – Beatriz T. Sánchez – Lorena Gil Rey – Rosa Galdo Millán – Alicia Pérez Gil – Lucía Pérez Sáinz – Montse N. Ríos – Pepa Mayo – Nidia Blackburn – Irene Comendador – Tamara López – So Blonde – Fayna Bethencourt

Prólogo: Eva Isanta
Portada e Ilustraciones: María Pizarro
Coordinadora: Tamara López
Corrección: Bea Magaña
Maquetación: Rain Cross

Sinopsis: Edgar Allan Poe, H. P. Lovecraft, Stephen King… Los tres maestros del terror tienen algo más en común que el género que los convirtió en iconos de la literatura: son hombres. El terror siempre ha estado ligado a lo masculino, como si el universo femenino, como si una mujer, no pudiera aterrorizarnos. Ya es hora de acabar con ese equivocado tópico de una vez por todas. Son muchos los nombres de escritoras que, durante años, nos han producido pesadillas gracias a sus historias; desde Shirley Jackson hasta Pilar Pedraza, pasando por Emily Carroll, Mary Shelley, Ann Radcliffe, Susan Hill, Anne Rice, Ángela Carter, Agatha Christie y Sarah Pinborough, entre otros. Todas ellas expertas en conseguir que durmamos con la luz encendida, todas ellas homenajeadas en Macabras gracias al magnífico grupo de autoras que ha reunido la sobresaliente Tamara López. Junto al prólogo de la actriz Eva Isanta, y las espectaculares ilustraciones de María Pizarro, Macabras es una antología hermosamente inquietante, el ejemplo perfecto de que el terror no es solo cosa de hombres, sino un género en el que las voces femeninas son capaces de darle interesantes y siniestras vueltas de tuerca.


Mi relato se titula La Reina Roja, y su peculiaridad es que está narrado a dos voces. Ya sabes que lo que más me gusta de esto de escribir es experimentar: con el tono, la forma, los tiempos, no sólo con las palabras, no sólo buscando argumentos que te sorprendan (aunque también me gusta ese reto). Aquí jugué con esas dos voces, la del narrador omnisciente en pretérito, la de Sarah en presente, y ambas enlazándose en cada cambio de escena para formar algo mágico y vivo, algo que te haga estremecer y acaso te traiga recuerdos de tiempos mejores, de infancia y juegos compartidos, de amor y deseo... enlazándose como hacen esas letras en hebreo para dar vida a lo que en apariencia no era más que un juego y en el fondo es mucho más que deseo y amor... O algo así. Si te desvelo la trama, no querrás adquirir la antología, y nos gustaría que le dieras la oportunidad, por nosotras, que la escribimos para tu disfrute, y por esas mujeres a las que intentamos ayudar a superar una clase de terror que, por desgracia, es más frecuente y más real que aquellos que nacieron de nuestra imaginación. 17 euros por 300 páginas y 17 ilustraciones es un buen precio, ¿no te parece?



domingo, 4 de febrero de 2018

No es una cuestión de género

Corría el año 2012 y por entonces mi cerebro se hallaba sumido en un bloqueo que, aun sin ser lo que llamamos bloqueo del escritor, me impedía escribir. A pesar de mis muchos intentos de regresar a Thèramon (sí, por aquella época lo intentaba con más frecuencia que en los últimos tiempos) no era capaz de encontrar el camino, y aunque mi deseo y mi necesidad eran grandes no me veía capaz de seguir con aquellas historias hermosas y complejas que, desde los inicios del blog que lleva su nombre, tenían tantos seguidores entusiasmados y anhelantes. Dispuesta a darles a esos lectores una novela completa, y en una especie de reto personal, saqué del cajón una historia que llevaba muchos años aguardando su momento y la subí a Amazon. Y a pesar de que no era el género que mis lectores habían estado esperando, El chico perfecto no sabe bailar el twist tuvo una muy buena acogida y muchas reseñas positivas (e incluso fue nominada por el blog Pasión por la Novela Romántica a mejor novela en la categoría de romántica juvenil autopublicada, y gracias a los votos de los lectores se llevó el premio). Curioso que una autora de fantasía épica decidiera estrenarse con una novela de corte romántico, y alentador comprobar que los lectores no se sentían decepcionados, porque a pesar del cambio de registro, y si bien la prosa era muy diferente a la que utilizo cuando estoy en mi mundo fantástico (musical, embriagadora y con un aire clásico que en su momento enamoró a cuantos llegaron al blog y decidieron acompañarme en mi viaje), seguía siendo un texto mío, y mi estilo era reconocible.

Esto me llevó a pensar que no era una cuestión de género, sino de estilo. El hecho de que gustes a tus lectores les cuentes una de dragones o una de amor y celos, quiero decir.

Corría el año 2014 y mis problemas para enfrentarme a la página en blanco seguían ahí. Para entonces había aparcado todas las Historias de Thèramon y me hallaba lidiando a ratos con una novela de terror en la que fui dejando muchos pedazos de mi alma enferma, en un intento por sacarme el veneno de dentro y volver a amar y a creer. Pero era muy doloroso hurgar en las viejas heridas, y por ese motivo VASL tampoco encontraba el camino para llegar a su conclusión. De nuevo ese bloqueo que, sin ser bloqueo del escritor, me impedía escribir. Y resulta curioso que, aunque me había dado a conocer como autora de fantasía épica y había publicado una novela romántica, me encontrara de pronto escribiendo terror, como si fuera el género en el que me encontrara más cómoda. Pero lo cierto es que me encuentro cómoda con una historia que está viva y quiere salir, sin que el género me suponga un problema. Soy escritora (la mayoría del tiempo no lo parece, porque no escribo, o eso digo, que no escribo, pero lo soy, lo sé cuando abro alguno de esos archivos que digo que tengo abandonados y descubro que, a pesar del bloqueo y de las mil excusas que me pongo, van creciendo, como si fuera capaz de escribir cuando no miro o cuando duermo, ¡y cómo me gusta lo que leo, y cuánto desearía que al menos una de esas novelas estuviera terminada para que tú también pudieras disfrutar de esa prosa que me tiene enamorada!), y por eso puedo escribir cualquier historia que se me venga a la cabeza sin preocuparme por las etiquetas.

Fantasía épica, romántica juvenil, terror, erótica, contemporánea o romántica paranormal. No es una cuestión de género. Si eres un narrador de historias, te limitas a contar historias. Otra cosa es que te sientas más cómodo dentro de un género concreto. Yo soy muy feliz cuando recorro los caminos de Thèramon, y me siento a gusto con esa prosa musical y clásica, con sus frases larguísimas y tan descriptivas, con esas escenas a caballo entre lo onírico y lo mágico y esos diálogos llenos de fórmulas de cortesía y de frases enigmáticas ^^

Mira, esto es Thèramon:

Contaban las antiguas laudanas que en los albores del mundo, cuando el nombre de Thèramon aún no había sido pronunciado por vez primera y tan sólo el Keresar y el Sturgeon recorrían la tierra dándole forma, los dioses llegaron desde Wad Ras para ayudarles en el proceso de la creación. Y de sus muchas obras, la primera y la que más relevancia tendría en el futuro fue la que originó la aparición de la luz de los dragones, que Enlil puso en los cielos para iluminar la eterna noche en la que vivían los que habrían de preceder a los parecidos a los dioses.

Y esto también (pongo sólo el diálogo, que con las acotaciones del narrador quedaría muy largo):

—Que la Luz del amado de los dioses ilumine tu senda, peregrino.
—Que la sabiduría del Blanco guíe tus pasos, caballero.
—Estás muy lejos de tu hogar, amigo mío. ¿Qué puede buscar un mershai en estas soledades?
—Complacer a mi rey y señor, que es quien me envía. Busco a un grupo de caballeros, seis en total, que partieron en misión hace varios meses y que aún no han regresado a Mersha, y por tus ropas veo que he llegado al lugar correcto.
—¿Eres un rastreador?
—Un emisario, más bien.
—¿Un emisario, dices? No veo que portes emblema ni valija.
—En realidad no soy más que un sirviente. Pero he sido enviado por el rey Cornell, así que no he de sentir vergüenza de mi condición.


Pero también disfruto poniéndome en la piel de alguien como Caterina, quien no tiene problemas a la hora de decir Me estás tocando los cojones a pesar de que se suponga que la protagonista de una historia romántica debería ser un poco más dulce.

Esto es de El chico perfecto no sabe bailar el twist:

—Has dicho que eras virgen —le recuerda Carla.
Caterina enciende un cigarrillo.
—También digo muchas veces: me estás tocando los cojones, y no tengo cojones.
—¡Eh, Gata! —saluda un tipo que pasa junto a ella. Cat le hace un gesto con la cabeza en respuesta.
—¿Por qué todo el mundo te llama Gata?
—Porque me muevo con gracia felina, yo qué coño sé —escupe Caterina, sin perder la sonrisa—. Por los ojos, creo. O por eso de que Cat es gato en inglés. Tampoco es que me moleste, así que...

O escribiendo diálogos que, en apariencia, no tienen nada de magia (esto es de ID):

—Como si fuera tan fácil: estamos perdidos en medio de este dichoso bosque.
—De eso nada. Debemos de estar a menos de cien metros de la explanada. En esa dirección.
—Ni hablar. He corrido mucho más de cien metros en esa dirección.
—Pues habrás corrido en círculos. Te digo que está por ahí.
—Apuesto a que te equivocas.
—Vas a perder la apuesta, te aviso.

O escenas cotidianas (aquí un chupito de HQS):

Al amanecer, mientras César dormía, Marina se levantó para ir al lavabo, y a la luz de la lámpara descubrió las marcas oscuras que formaban una especie de tatuaje tribal en torno a su antebrazo. Esbozó una sonrisa de resignación. A veces César no controlaba su fuerza, y la marcaba sin darse cuenta. Por fortuna los morados no tardaban en desaparecer. Se encogió de hombros y, viendo que ya casi era de día, fue a la cocina a hacerse un café. Mientras la cafetera se calentaba, buscó su mochila, que había quedado tirada junto a la puerta de la calle, y sacó de ella su uniforme para echarlo a la lavadora. Las manchas de sangre le encogieron el estómago, y volvió a recordar la expresión mezcla de vergüenza y terror de aquella desconocida que tanto la había impactado. Decidió que no le apetecía el café y regresó a su dormitorio con una extraña sensación de tristeza en el corazón.

O de terror (VASL):

Como me he apartado un poco, la veo antes en el espejo que en 3D. Tiene mal aspecto, esa es la verdad. Pero no tan malo como había imaginado, y eso es un consuelo. Por si acaso, mantengo el hacha en alto.
La escena sucede a cámara lenta, y yo me he olvidado de respirar. Desvío la mirada del espejo hacia la puerta del excusado. El corazón me martillea en la garganta y en las sienes.
Vero sale del reservado y me mira con miedo. Bueno, más al hacha que a mí. Está llorando. Las ojeras le llegan a la barbilla y tiene los ojos más rojos que antes, pero no ha empezado a mutar. O puede que sí, no lo sé, desconozco qué fases tiene esta infección, pero al menos está viva.
Bajo el hacha. Un poco.

Incluso de corte erótico (QHUCCT):

En este punto hay otro de esos huecos que no sé cómo llenar. Recuerdo su risa, mi rubor, el silencio cargado de complicidad, la intensidad de su mirada, la de mi deseo. Un suspiro. Un coro de ellos. Je t'aime... moi non plus sonando a toda potencia a través de los altavoces. Calor. Su escote asomando tras la camisa semiabierta. Un guiño provocado por el humo de un cigarrillo. Imaginarla yendo y viniendo entre mis caderas. Cuerpos pegados en una danza sinuosa a nuestro alrededor, apenas entrevistos por el rabillo del ojo. Toda mi atención puesta en ella, en su cuerpo que se mecía al ritmo lento de la música. Ella era la ola... Calor. Sus ojos cerrados, sus labios apenas entreabiertos, el jadeo que se escapaba de los míos. Yo la isla desnuda. Fiebre. Te amo... yo tampoco. Pensar que habían elegido el peor momento para pinchar esa canción. Pensar que no podían haber elegido un momento más adecuado.

Dos muestras de fantasía épica, una de romántica juvenil (aunque no lo parezca en ese fragmento), una de romántica paranormal (aunque ahí tampoco lo parezca, je), una de contemporánea, otra de terror, y por fin una de érotica. Géneros tan distintos entre sí que uno podría pensar que no son creación del mismo autor, aunque en todas ellas puedes verme, ¿verdad?, y con todas ellas me siento cómoda. Porque, como te digo, lo que me importa es la historia que quiero contar, no las etiquetas. Mis lectores van a reconocer mi estilo en cada una de ellas, y si mi estilo les gusta no tendrán muy en cuenta el tema o el género. O eso quiero creer.

Y nos vamos acercando al tema del que quería hablar cuando empecé a escribir esta reflexión.

Corría 2014 cuando alguien (mellizo, mellizo querido) me propuso participar en una antología de relatos. Yo, que era la niña que no sabía resumir, pero que también era la escritora de novela larga que no se veía capaz de retomar ninguna de sus novelas inconclusas, acepté el reto, pues cualquier excusa era buena para seguir intentando romper ese bloqueo. Por aquel entonces, si bien mis primeros conocidos dentro del mundillo habían sido autores de fantasía y luego de romántica, yo estaba más cerca del fandom que de ningún otro grupo (creo que mi visita a la Expocon de Zaragoza tuvo mucho que ver en eso). El caso es que el reto consistía en escribir un relato de terror, y aunque no las tenía todas conmigo me puse manos a la obra. Pues el problema no era el género, sino el hecho de escribir en sí. Terror dentro de la familia, o con una familia como protagonista. Y ahí me tenías, convencida de que no podría hacerlo y empeñada en no tener razón, escribiendo una historia de horror cósmico en homenaje a mi admirado y respetado Lovecraft. Y lo cierto es que me salió un relato magnífico. Quizá el mejor que haya escrito, y desde aquel primer reto han salido más de una docena. Tras aquella primera invitación llegaron otras, quince en total, de las que ya te he enseñado once. Family Nightmares, Santa Wiik, Vampiralia, Zombifícalo!, Hell Or Win, Devoradores de Almas, Mascotas, Onírica, Aquel Extraño Hombre Alto, Tiempo Prestado y Mierda. Casi todas antologías de relatos de terror, al menos tres de ellas rayando lo irreverente, casi todas para descarga gratuita y algunas con fines benéficos. De las restantes, voy a hablarte en breve de dos. De hecho, esta entrada era para presentarte la primera, pero me he extendido demasiado, como de costumbre, así que voy a utilizar estas líneas a modo de introducción.

Bien, te decía que el problema no era el género, sino el hecho mismo de enfrentarme a la hoja en blanco. Pero reto a reto, relato a relato, he ido superando ese miedo que me hace ponerme mil excusas para no sentarme a escribir, y en los últimos cuatro años he sido capaz de terminar una novela (VASL) y de empezar otras dos (una romántica paranormal y otra contemporánea con más de drama que de romance, aunque tiene de ambas cosas), de recuperar una de mis viejas historias (esta podrías etiquetarla como erótica) y empezar a darle un lavado de cara (lo que se llama reescribir, algo que puede resultar aún más difícil que ponerse a escribir partiendo de cero) y de retomar dos de las Historias de Thèramon que me tienen hechizado el corazón. Así que ya ves, escribo lo que me sale de dentro en cada momento, y el género es lo de menos.

Pero parece que en la práctica el género sí importa. Como ejemplo, decirte que de todas las antologías en las que he participado tan sólo una está integrada en su totalidad por mujeres (y es de esta antología de la que venía a hablarte hoy, pero lo dejaré para la próxima entrada, que con tanta charla iba a pasar desapercibida). Como segundo ejemplo, mis lecturas del mes de enero. Siete novelas, cuatro de terror, dos románticas y una de aventuras. Y ¿adivinas qué? Exacto: las cuatro de terror iban firmadas por hombres, mientras que las otras tres eran de mujeres. Como si la sociedad exigiera que el género debe estar supeditado al género. Que si eres mujer no puedes escribir terror, o que los hombres no deberían atreverse con el romance. Pues resulta que yo tengo amigos (hombres) que escriben romántica y erótica con gran acierto, y amigas (mujeres) que escriben cositas que dan mucho miedo tan bien como sus compañeros masculinos de letras. No diré que mejor que ellos, del mismo modo que en el otro caso no diré que peor que ellas. Hay buenos escritores y escritores regularcillos y escritores mediocres, y luego hay gente que no debería ni llamarse escritor... pero no entremos en polémicas.

Aquí mi duda, que sé que muchos comparten: ¿Por qué casi todo el terror que leo, el que tengo en mi estantería, viene firmado por hombres? ¿Por qué prácticamente toda la romántica lleva nombre de mujer? ¿Es el público lector el que elige, es la sociedad en la que vivimos la que impone la norma (y el estigma), son las editoriales, que no dan una oportunidad a un género en concreto por considerar que el género que ellas tocan no les corresponde a unos o a otras? ¿Es casualidad? (No creo en la casualidad). ¿Las chicas no publican terror porque no envían manuscritos a las editoriales que publican terror, o es que hay menos escritoras de terror que escritores de ese género? Porque dentro del fandom somos muchas, puedo asegurártelo, y algunas muy buenas. Y te lo voy a enseñar dentro de muy poco, porque la antología que venía a presentarte hoy ya está a la venta. Y en esa antología todas, autoras, coordinadora e ilustradora, somos mujeres. Porque somos narradoras de historias, y tenemos muchas historias que contar, y no nos amedrentan las dificultades ni nos condicionan las etiquetas.

Por cierto, la antología en cuestión se titula Macabras, y merece una entrada para ella sola, así que permite que lo deje aquí y vuelva dentro de unos días con una presentación a su medida. Porque, aunque todavía me gane la pereza y me cueste sentarme a escribir (mentira, estoy en Thèramon y me he olvidado del mundo, je) me siento muy orgullosa de formar parte de ese fantástico grupo de autoras que, con talento, ilusión y paciencia, han querido demostrar que, cuando se trata de contar historias, el género no importa.


martes, 23 de enero de 2018

Calentando Motores


Como norma, el día 31 de diciembre siempre vengo a hacer una especie de balance de lo que ha sido el año en cuanto a lo literario. Este último 31 de diciembre, sin embargo, me salté la tradición. En parte se debió a que no tenía gran cosa que contar: tres relatos publicados, dos presentaciones, un mes de escritura a tope después de varios de escribir sólo a ratos, y una nueva novela inconclusa que sumar a las muchas que ya tengo empezadas y abandonadas (temporalmente, ejem). En parte, a la pereza que ha sido la constante que marcó 2017, provocada por una mezcla de desmotivación y de desidia más que de inseguridad o de dudas. Ya sabes, pensar que si no tengo nada bonito que transmitir, o nada interesante que comentar, o nada nuevo que compartir, para qué voy a ponerme a teclear. Pero sobre todo fue porque no llegué a tiempo. Ya sabes que ese día es mi cumpleaños, y lo normal es que llegue a casa después del trabajo y me siente delante del ordenador a leer y responder felicitaciones antes de abrir el procesador de textos y dedicar una hora a reflexionar sobre lo que he hecho (y a lamentarme y frustrarme por lo que no he hecho) y a escribir una lista de buenos propósitos para el año entrante. Bien, en esta ocasión mi cumpleaños cayó en domingo, y aproveché que no tenía que ir a trabajar para salir a comer con mi mejor amiga, a la que veo muy poco porque trabaja en Barcelona pero con la que adoro conversar y cuya compañía disfruto muchísimo cuando por fin coincidimos y quedamos para echar un rato y tomar un café. Y fue genial, por una vez no pasar mi cumpleaños sola. Pero ya era tarde cuando volví a casa, y responder a todas las felicitaciones que había recibido vía Facebook, Messenger y WhatsApp (además de una larguísima conversación telefónica con mi hermana, a la que adoro porque me quiere y cree en mí a pesar de que no merezco ni lo uno ni lo otro) me tuvo tan entretenida que ni miré el reloj, y cuando me quise dar cuenta eran las doce y dos minutos, no me había comido las uvas y había empezado el año sin escribir una entrada para el blog y sin hacerme ningún buen propósito. Y en ese momento me dije: Bueno, quizá sea lo mejor; el año pasado me propuse escribir mucho y dejarme de excusas y terminar al menos una novela, y no he cumplido nada de ello, así que si este año no me lo propongo puede que llegue a hacer algo de lo que me sienta orgullosa. O, cuando menos, no me sentiré frustrada por no haber cumplido lo que me propuse. Creo que tenía más fe en lo segundo. (Y no tengo remedio, lalala...).

(Ahora es cuando mi hermana me diría: ¿Colleja? Lalala...).

No, no necesito una colleja. O sí, pero no mucho más que un abrazo. Porque, ya sabes, el amor es la fuente de toda creación, y lo que me hace sentarme a crear historias no es el sentimiento de culpa, es sentirme arropada y necesaria para alguien. Pero, claro, arrancar es lo más difícil, sobre todo cuando llevo meses sin escribir ni una mísera línea. Cosa que hago con demasiada frecuencia. Lo de dejar pasar el tiempo poniéndome excusas para no hacer eso que tanto me llena y me da la vida, digo. Va a ser que hay algo que no funciona bien en mi cabeza, porque no se puede ser más idiota. Antonia dice que soy muuuuy burra y que es una lástima lo que se están perdiendo los lectores por culpa de mi mala cabeza. Sé que tiene razón. Y sé que llegará el día en que dejaré de ser tan tonta y le daré una patada a la pereza, a la desidia y a la desmotivación y todas esas historias que esperan, inacabadas, en su correspondiente carpeta se contarán ellas mismas a través de mis dedos sobre el teclado. Sí, lo harán en cuanto las deje fluir. Lo sé porque lo he comprobado: cuando se lo permito, salen sin problemas. Porque quieren ver la luz. Porque están vivas.

Esta entrada es para mi hermana. Y también para Antonia, y para Mayte, y para Carlos, y para Ana. Y para todas aquellas personas que creen en mí. Para ellas, que están convencidas de que tengo muchas cosas que contar, y de que en cuanto me deje de excusas y me ponga en serio frente al teclado y deje que las palabras fluyan seré capaz de escribir historias emocionantes y maravillosas. Para las poquísimas personas que han leído las primeras setenta páginas de —llamémosla— Imagina Dragones y han jurado darme una paliza si no sigo escribiéndola. Para las —aún muchas— que todavía esperan una Historia de Thèramon completa. Para decirles que, a pesar de que no merezco su fe ni su apoyo, es su fe y su apoyo lo que me ayuda a no rendirme. Y, puesto que no hay mejor modo de dar las gracias que demostrando, en mi caso escribiendo, hoy escribo estas líneas a modo de calentamiento. Porque por algún sitio tengo que empezar, si debo calentar motores antes de empezar a correr. Aunque mi carrera siempre sea a pasitos cortos y espaciados.

Y ya está, Bea; no has dicho nada interesante, no has compartido ninguna novedad y no has transmitido nada hermoso, pero te estás comunicando, que es un comienzo, y (¿lo ves, so boba?) cuando empiezas a teclear las palabras salen sin problemas. A ver si consigues no olvidarlo.

jueves, 31 de agosto de 2017

Vencer al bloqueo


Muchas veces se ha debatido la cuestión de qué le convierte a uno en escritor. Hay quien opina que escritor es el que se gana la vida escribiendo (porque tú puedes arreglar el grifo de la cocina en un momento dado, pero eso no te convierte en fontanero), quien dice que escritor es el que vende muchos libros y tiene muchos lectores (porque si no enseñas tu trabajo o nadie te conoce no puedes ni siquiera soñar con ganarte la vida con lo que haces), quien argumenta que escritor es el que conoce las técnicas y las emplea correctamente (porque si escribes con faltas de ortografía, te repites, no sabes usar las comas, redactas como un niño de diez años, cambias de tiempo verbal sin orden ni concierto y conoces menos sinónimos que yo nombres de jugadores de fútbol no puedes pretender colocarte la etiqueta de escritor). Porque todo el mundo sabe escribir, menos los que nunca pudieron ir a la escuela, claro, pero no es lo mismo escribir que redactar, o que narrar, o que transmitir.

Te diré, y no me ruborizo al confesarlo en voz alta, que yo soy de las que piensan que hacer las cosas mal no es motivo de orgullo y que nadie debería alardear de su mediocridad. Que te gusta escribir, vale, escribe, pero no me sueltes perlitas del tipo «Hola amigos he publicada mi novela en amazon, comprarla que a penas cuesta un euro y te va a encantar. Bicos» y pretendas que te tome en serio. A ver, si no conoces la coma del vocativo, la diferencia entre el imperativo y el infinitivo, la coma explicativa, la grafía correcta de la palabra «apenas», se te escapa una errata al teclear y no la ves porque no has revisado el texto antes de publicarlo, no distingues el singular del plural, y me mandas «bicos» en lugar de besicos, ejem... no tengo más que añadir, señoría. Insisto, todo el mundo sabe escribir (menos los que nunca pudieron ir a la escuela, claro), algunos mejor que otros, pero (y me repito a propósito) no es lo mismo un «Me gusta escribir» que un «Soy escritor».

A mí me gusta dibujar, y no se me da mal, pero nunca diría que soy dibujante, porque no me dedico a ello, no conozco las técnicas y no tengo intenciones de aprender a hacerlo mejor. Me gusta dibujar, pero no soy dibujante. Y no pasa nada.

Que podemos debatir durante semanas y quizá nunca nos pondríamos de acuerdo, bueno, mi opinión no es verdad universal y no estoy aquí para discutir sobre sueños, egos y etiquetas. También soy de las que piensan que, si tienes un sueño, debes luchar para hacerlo realidad. Pero siendo consciente, por favor, que hay diferencias entre sueños, hobbies, anhelos y aptitudes. Ya, aptitud no es sinónimo de las otras, pero está (o debería estar) relacionada con ellas, pues si no sirves para una cosa empeñarte en hacerla es, más que luchar por tu sueño, una pérdida de tiempo y de energías. Porque podrías emplear ese esfuerzo en hacer algo para lo que sí estás capacitado.

Yo no puedo colgarme la etiqueta de escritora, porque no me gano la vida escribiendo. Lo que paga la hipoteca y da de comer a mis gatos es la hostelería. Sirvo mesas, ergo soy camarera. Pero escribo. A ratos. Y hay relatos míos publicados en una docena de antologías, aunque eso no me convierte en escritora, porque no me han pagado por ellos y tampoco tengo muchos lectores. Aunque las opiniones de los que tengo servirían para inflarle el ego a cualquiera. Yo no tengo ego. Tengo una necesidad. Necesito escribir. Y escribo, a ratos. También tengo cientos de historias en la cabeza, y a veces las dejo salir, y a veces incluso (¿ves la repetición intencionada?) las termino. Pero ahí están, cogiendo polvo en un cajón en lugar de buscando editorial o probando suerte en amazon, porque más poderoso que mi sueño de ganarme la vida con la escritura es la necesidad de escribir. Y llevo mucho tiempo sin poder hacerlo. Aunque a ratos escribo. Supongo que porque, a pesar de que no siempre creo en mí misma, o pienso que a nadie le interesa lo que tengo que decir, o siento que no tengo nada que contar, soy escritora.

Incluso con este bloqueo que llevo años arrastrando, soy escritora.

Hablemos del bloqueo del escritor, ¿sí? No te voy a explicar los motivos que me llevaron a dejar de escribir, pero puede que tú hayas pasado por etapas complicadas a lo largo de tu vida que te han mantenido apartado de eso que te da la vida. Problemas personales, una enfermedad, depresión, falta de tiempo o de motivación... A todo el mundo le han roto el corazón alguna vez y ha pensado que jamás podría volver a enamorarse, ¿verdad? Y casi todo el mundo consigue superar el bache y descubre que su corazón sigue funcionando y, voilà, pareja al canto. Quizás es un mal ejemplo, aunque creo que es acertado, porque escribir es algo que te nace del corazón, y es necesidad de comunicarse y de compartir, y es un acto de amor, pues en tus textos dejas una parte de tu alma, un fragmento de tus vivencias, un anhelo o un pesar. Bien, pues en mi caso es como si sintiera que el corazón no volverá a funcionarme jamás, y después de tantos años ahí sigue el maldito bloqueo, impidiéndome hacer algo que me gusta, para lo que valgo, que me llena, que necesito tanto como el aire para respirar.

A lo largo de los últimos cuatro años he intentado vencerlo con todas mis fuerzas (miento, con la mitad de mis fuerzas, mi voluntad es débil y mi miedo demasiado grande). Quince relatos y una novela deberían ser más que prueba de que lo he conseguido. Sin embargo, no logro escribir como en los viejos tiempos, con la soltura y la naturalidad y la velocidad con las que lo hacía veinte años atrás. Y, ante mi frustración, me desmotivo y vuelvo a dejar de escribir. Y sigo llamándolo bloqueo.

Pero ¿qué es el bloqueo en realidad?

He leído varios ¿libros, manuales, folletos? que tratan el tema del bloqueo y que pretenden ayudar al escritor a superarlo. Y ¿sabes una cosa? Ninguno me ha enseñado nada que no supiera. Cientos de consejos sobre planificación de escenas o de capítulos, estructura, personajes, hábitos, inspiración, técnicas, blablabla, al final lo único que he sacado en claro es que el bloqueo no es más que una forma de llamar a cosas menos agradables como el miedo, la inseguridad, la desmotivación y la falta de voluntad o de constancia, si es que no son la misma cosa. No hay bloqueo, hay falta de ganas, falta de tiempo, falta de fe... o simplemente pereza.

Pero si quieres, encuentras tiempo para escribir. Si quieres, te olvidas del resto del mundo y escribes para ti, y recuperas la fe en ti mismo, y con la seguridad vuelve la inspiración, y con esta la ilusión, y no necesitas más motivación que seguir escribiendo, porque escribir es lo que te hace más feliz en el mundo.

Este año he escrito muy poco. He abierto tres archivos de tres historias distintas, les he dado un empujoncito y las he dejado de nuevo inconclusas. He escrito tres relatos. He leído. He corregido. He pasado infinidad de tardes viendo la misma película una y otra vez mientras jugaba a algún juego de esos de pasar el rato/perder el tiempo. He procrastinado muchísimo. Porque tengo un bloqueo, sabes, y no puedo escribir. No puedo escribir porque tengo varias historias empezadas y no sé por cuál decidirme. No me decido por ninguna porque tengo miedo. Temo no estar a la altura de mí misma, temo que no le interesen a nadie, temo que si las dejo fluir cobren vida y se desarrollen de forma distinta a como las había imaginado, y entonces no sepa cómo seguirlas. Tengo un millón de excusas para no ponerme a escribir. Y, puesto que nunca me pongo, no escribo. Salvo a ratos.

Julio fue un mes de leer mucho. También de crear, aunque no de forma consciente ni intencionada. Ya sabes, estoy buscando el modo de volver a casa, a Thèramon, así que siempre estoy buscando dragones. Y, mira tú por dónde, los dragones me encontraron mientras leía (no te lo vas a creer) romántica juvenil y romántica paranormal. La historia debió decidir que quería que la contara, porque el último día de ese mes me encontré frente a un cuaderno abierto por una página en blanco, con un bolígrafo en la mano, como en los viejos tiempos, y tras dos horas de practicar escritura automática me vi leyendo algo parecido a un resumen de seis páginas. Y entonces tomé una decisión.

Y empecé lo que llamé Reto de agosto.

El reto consistía en escribir todos los días. Escribir lo que fuera, si era una historia mejor, pero si sólo salían párrafos sin sentido también me valía. Porque la única forma de coger el ritmo es practicando. Como cuando empiezas y vas buscando tu estilo, y no escribes pensando en posibles lectores sino en soltarte y coger confianza y luego velocidad. Comunicarme, después de meses de no responder mensajes ni dejar un Nanit en mi muro de Facebook. Recuperar un hábito y dejar de procrastinar. Mantenerme alejada de textos ajenos que necesitaran corrección, y también (y sobre todo) de juegos tontos y de excusas que no me llevan a ninguna parte excepto a la frustración y a la desidia que alimenta al falso bloqueo. Volver a sentir esa ilusión que me motiva a querer seguir escribiendo, y esa felicidad que me embarga cuando lo hago. Experimentar con distintas voces, con varios tiempos verbales, borrar si era necesario (lo que duele borrar párrafos enteros que te encantan, ay), reescribir, escribir de cero. Dejar un capítulo inacabado y ponerme con otro diferente para no quedarme estancada y volver al mismo círculo vicioso (no sé cómo seguir, no puedo seguir), escribir la misma escena varias veces porque te gusta tanto esa escena que disfrutas dándole vueltas, parar cuando viera que empezaba a darle demasiadas vueltas y eso me llevaba a bloquearme otra vez. Y dejar cada noche una prueba en mi muro de Facebook, pues parece que cuando te planteas un reto resulta más fácil cumplirlo si hay al menos una persona que cree en ti y que espera que le digas que sigues adelante y que hoy también lo has hecho, aunque esa persona seas tú mismo.

Bien, pues durante todo el mes de agosto he estado escribiendo. Algunos días mucho, otros muy poco para mi gusto. Pero he adquirido una rutina y no he procrastinado ni un solo día. Ni pasatiempos ni excusas. Lo cual me lleva a afirmar que el único truco/remedio para superar el bloqueo del escritor es escribir.

Empecé el reto planificando, y lo termino con una reflexión. No estoy muy inspirada, pero eso es lo de menos, porque esto va precisamente de escribir incluso cuando crees que no tienes nada que contar.

Te presento a Zelda y a Theon, los dos protagonistas de esa historia que he estado escribiendo durante un mes. Ahora mismo los tengo a punto de salir de un bosque en el que cada uno ha entrado por un motivo. Ella, persiguiendo a algo que cree un dragón; él, huyendo de unos chicos mayores que quieren pegarle. No te voy a contar cómo se han encontrado ni de qué han hablado, ni cómo han llegado a este momento en el que están a punto de ponerse a discutir. Sólo te voy a dejar dos frases, porque creo que resumen muy bien lo que intento decirte en esta entrada:

—Yo no persigo quimeras, princesa de Hyrule —le soltó casi sin pensar, porque a lo largo de su paseo pincharla se había convertido en algo natural.
Zelda tomó aquella respuesta espontánea e inocente como un ataque, y reaccionó poniéndose a la defensiva.
—Quien nada persigue, de algo huye. Sabiduría hopi. (…) Buena suerte, Theon Reynolds. Un día quizá descubras que, a veces, caminar detrás de una fantasía requiere más valor que correr delante de un espejismo.

Correr delante de tus miedos no te va a llevar a ningún lado, así que camina en pos de tu sueño.

Camina aunque sea a pasitos cortos.

Camina cada día.

Camina hasta que ya no te duelan los pies, hasta que ya no sientas las agujetas, hasta que lo hagas por inercia, de forma mecánica, y descubras que te sientes más sano, más fuerte y más confiado. Hasta que te sientas preparado para empezar a correr. Cuando eso ocurra, te darás cuenta de que no necesitas correr para dejar tus miedos atrás, porque ya no habrá miedos de los que huir.

Pero sé constante. Porque si tu voluntad no es fuerte, en cuanto te pares corres el riesgo de quedarte estancado de nuevo. Y arrancar es lo más difícil.

No sé, proponte un reto.

martes, 6 de junio de 2017

TIEMPO PRESTADO

A veces, uno se pone a pensar en su vida (en lo que hace, en lo que le gustaría hacer, en lo que no se atreve a hacer; en lo que le rodea, en la gente que se empeña en ponerle las cosas difíciles, en la rutina asfixiante y desmotivadora; en lo que tiene, en lo que perdió, en lo que desea, en aquello en lo que ya no cree) y se deprime por cosas que en realidad no tienen tanta importancia. Porque, sabes, en la vida hay momentos buenos (que nos parecen muy pocos) y momentos malos (que se nos antojan demasiados), pero ninguna etapa dura eternamente. En tu vida personal, en la laboral, en la sentimental, siempre hay altibajos, y lo único que puede hacer que lo bueno pese más que lo malo es tu actitud. Si eliges rendirte y permites que el entorno te devore, que una situación te hunda, que la desesperanza te haga olvidar tus sueños y tus metas, estarás desaprovechando el tiempo que se te ha concedido, y bien saben los dioses que es limitado. Una enfermedad, un accidente, un ataque terrorista, un apocalipsis... desde lo más cotidiano hasta lo más inverosímil puede sobrevenir en cualquier momento y acabar con tu vida. Y, entonces, ¿qué? ¿Te lamentarás por todas las cosas que no hiciste, por todos los sueños que no cumpliste, por todos los abrazos que no diste, por cada oportunidad perdida? Cuando te amargas por tonterías, cuando te deprimes por culpa de una situación que, como todo en esta vida, tiene fecha de caducidad, cuando te rayas y en lugar de buscar motivos para seguir adelante te dedicas a encontrar excusas para no hacerlo, estás malgastando un tiempo precioso que no vas a poder recuperar. Porque, no te engañes, vas a morir, ese es el final del viaje para todos. A unos les llega antes, a otros después, pero a todos les llega el momento. Y ¿sabes lo peor de tener que morir? Que la Muerte te alcance sin que hayas vivido.

Hoy quiero utilizar este reflexión a modo de recordatorio (para ti, pero sobre todo para mí misma), y también como introducción a lo que vengo a mostrarte. A regalarte, más bien. ¿Recuerdas que hace unos días te dije que pronto habría novedades literarias? Bien, me refería a esta antología, la onceava en la que participo con un relato, la tercera que ve la luz este año. Ha tardado, pero al fin puedo decir, una vez más, que lo hicimos, que lo hice, y tenerla ya en mi Kindle, poder leerla en formato digital (después de haberla tenido en mi carpeta de textos para corregir sin las ilustraciones que ahora la acompañan) me llena de orgullo y no sólo me satisface, también me recuerda que el trabajo, la perseverancia, el deseo, la fe y las ganas son las únicas armas que necesitamos para vencer a la desesperanza, al miedo, a la desmotivación y a los monstruos que, con demasiada frecuencia, nos empujan a rendirnos y a morir antes de tiempo.

Hablemos de perseverancia, de ganas, de trabajo y de fe. Hace unos tres años, recibí una propuesta por parte de Sergio Fernández, un compañero de letras con el que había coincidido en Vampiralia. Sergio había decidido abrir su propia editorial, y su plan era estrenarla con una novela y una antología al mismo tiempo. Necesitaba un corrector, así que me propuso que corrigiera para él. Pagándome, por supuesto. Ya conoces mi máxima: si entre compañeros nos ayudamos, llegaremos más lejos. Así que acepté corregir sin cobrar. Y entré en el grupo de la antología. Como correctora, pero también como autora, si aceptaba el reto. Y ya sabes que no sé decir que no a un reto. La idea era escribir sobre gente que hubiera sobrevivido al fin del mundo. No sobre el modo en que acababa el mundo en sí, que de eso ya había muchos relatos por ahí, sino sobre los supervivientes, sobre qué tipo de civilizaciones surgirían tras un apocalipsis, sobre qué haría la gente que, tras haber superado su fecha de caducidad y haber vivido para contarlo, se encontrara de pronto viviendo un tiempo prestado. En el grupo había muchos compañeros de antologías, muchos buenos autores, muchos estilos diferentes. La calidad estaba asegurada, y pronto se demostró que también la originalidad. Y a mí me salió un relato, MOROI, una historia sobre monstruos que viven bajo tierra inspirada en La Máquina del Tiempo de H. G. Wells. Luego llegaron las ilustraciones, maravillosas, ya te lo digo, un trabajo fantástico. En pocos meses la antología estaba lista para ser publicada.

Pero... claro, la vida no es justa, ni fácil, y parece que siempre nos esté poniendo a prueba. Por motivos personales, Sergio no puedo llevar a cabo su propósito y la editorial en la que estaba trabajando nunca llegó a nacer. Así que el proyecto tuvo que cambiar de rumbo. Sabes, no era cuestión de tirar la toalla tan pronto. Sergio, como coordinador de la antología, se dedicó a buscarle editorial, y el grupo de escritores e ilustradores le apoyó en todo momento a lo largo de estos tres años. Sí, la vida nos pone a prueba, y en ocasiones saca lo mejor de nosotros. Puedo decir con orgullo que hemos tenido un coordinador estupendo y unos compañeros maravillosos y pacientes que jamás perdieron la fe ni en él ni en el proyecto.

A estas alturas de mi vida, y después de haber participado en una docena de antologías, no me sorprende que resulte tan difícil publicar una. Parece que el mercado está saturado, o que los editores y los lectores están aburridos de las recopilaciones de relatos de varios autores. Hubo conversaciones, varias negativas, algún casi, y por fin la decisión unánime de hacerlo nosotros mismos, pues tanto los relatos como las ilustraciones que los acompañan merecían ver la luz. Y de este modo, con la magnífica portada de Marco Gómez (quien hizo la ilustración para mi relato, añado con agradecimiento y orgullo), un prólogo escrito por Víctor Blázquez y tras un genial trabajo de maquetación por parte de Israel Alonso, Sergio subió TIEMPO PRESTADO. 20 relatos para después del fin del mundo, a la plataforma digital Lektu, desde donde te la puedes descargar de forma gratuita.


“Tiempo Prestado” es una antología de temática postapocaliptica, coordinada por Sergio Fernández, en la que tienen cabida géneros tan diversos como el terror, la fantasía o la ciencia ficción, donde la calidad narrativa de cada uno de sus autores brilla con luz propia, y los nombres de los mismos hablan por sí solos.
La antología se compone de un prólogo firmado por Víctor Blázquez, autor de la exitosa trilogía de temática zombi “El cuarto jinete”, publicada por Dolmen, entre otras obras de fuerte repercusión en el panorama nacional, y veinte relatos, acompañados todos por una ilustración personalizada.
Cada uno de estos relatos toca la temática postapocaliptica bajo el prisma personal de sus autores, destacando todos ellos por su originalidad y calidad narrativa. Si bien todos son muy diferentes entre sí, consiguen dotar al conjunto de la compilación de una consistencia y homogeneidad más que destacable, aunque no por ello repetitiva ni monótona.
Mención aparte merece el apartado de ilustraciones, que reflejan a la perfección la esencia de su correspondiente cuento. Los seis artistas han sabido dotar a cada una de sus obras de una calidad y un nivel difícilmente alcanzable en ninguna otra antología del panorama nacional.
“Tiempo Prestado” es muchos mundos diferentes comprimidos en uno solo, en los que el denominador común es la supervivencia en condiciones adversas, aderezado con altas dosis de terror, ciencia ficción, aventuras y fantasía.
Autores: Israel Alonso, Rain Cross, José Manuel Durán Martínez, Pablo García Naranjo, Moi Gascón, Marco Gómez, J. C. Ibarz, Tony Jiménez, Kiko Labiano, Daniel Lanza, Carlos J. Lluch, Bea Magaña, Javier Martos, Montiel de Arnáiz, Francisco José Palacios, Toni R. Pons, Lorena Raven, Daniel Rubio, Antonio Sánchez Vázquez, Beatriz T. Sánchez.
Ilustradores: Cecilia G.F., Marco Gómez, Juan Alberto Hernández, Daniel Medina, David Rendo, Nur Zaragoza.
Disponible en la plataforma digital Lektu, en formatos epub y mobi, y totalmente gratuita. Pincha en el enlace para descargarla.

Y tras esta noticia, permite que te dé un consejo: estás viviendo un tiempo prestado; procura aprovecharlo. ;)



lunes, 29 de mayo de 2017

FOTOS PARA EL RECUERDO

Hubo un tiempo en el que cada evento literario era un acontecimiento importantísimo que merecía su propia entrada en este blog, un relato al que llamaba No-Crónica llena de fotos y de agradecimientos. Pero el año pasado no hubo eventos, y casi no hubo entradas, porque no había novedades que compartir y las (pocas) veces que me senté a teclear fue para mí misma (ya sabes, mi necesidad de volver a escribir era más importante que la necesidad de comunicarme). Así, como el que ha perdido una buena costumbre por falta de continuidad, este año he dejado pasar la primera presentación sin venir a colgar fotos ni escribir una No-Crónica. Y no porque no fuera un acontecimiento importante para mí, pues cada reunión de escritores en la que participo, cada reencuentro con amigos, cada abrazo y cada charla sobre proyectos y el mundillo literario es un chute de energía que me recuerda por qué sigo empeñada en vencer en esa lucha interna que me traigo entre manos y por qué rendirse no es una opción, y me motiva y me ayuda a volver a sentarme delante del ordenador y a seguir haciendo crecer esas historias que dan vueltas dentro de mi cabeza y que no toman forma hasta que las dejo salir a través del teclado.

Bien, nadie va a hacerlo por mí, y mejor tarde que nunca. Aprovechando que ayer participé en otra presentación y que todavía me duran los efectos del chute energético, voy a colgar un par de foticos, a modo de homenaje y de agradecimiento, y sobre todo de recordatorio, para cuando vuelvan esos días en los que la realidad y la rutina me hacen pensar que soy un fraude cuando digo que soy escritora, dado que escribo muy poco y sigo sin publicar nada. La verdad, lo de publicar no es que me quite el sueño, pero ya estoy cansada se seguir poniéndome excusas para no escribir.

En marzo, aprovechando que estaba de vacaciones en el trabajo, pude viajar a Barcelona para participar en la presentación de la antología Aquel Extraño Hombre Alto de Ivan RuSo, publicada por la editorial Palabras de Agua (y cuyo enlace de compra encontrarás en el banner que tengo puesto en el lado derecho del blog). No voy a hacer una No-Crónica, sólo te diré que fue una tarde estupenda en compañía de amigos y compañeros de letras, que lo pasamos muy bien y que firmamos muchos ejemplares. La foto para el recuerdo:

Presentando junto a Antonio Sánchez Vázquez, Juan de Dios Garduño, Iván Ruso, Ana Coto y Miguel Chamizo


La de ayer fue la presentación de la antología MIERDA, publicada por Apache Libros (enlace de compra también en el banner de la derecha) en la Feria del Libro de Huesca. Ya que me perdí la primera presentación en Zaragoza (que, por cierto, fue un exitazo de público y de ventas), porque se hizo un sábado (el día 22 de abril) y no pude asistir, aproveché que en esta ocasión el evento tenía lugar en domingo (y que Athman M. Charles y su familia me invitaron a acompañarlos en su coche) y fui a dar esos abrazos guardados durante tanto tiempo, abrazos que me llenan de energía y que me ayudan a volver a escribir. La foto para el recuerdo:

Presentando junto a Daviz Rozas, Athman M. Charles, Ana Vivancos, Roberto Malo, Teresa Palomo y Rosa Vidal


No sé si voy a poder asistir a más eventos este año, pero sí sé que pronto tendré una nueva noticia que venir a compartir contigo. Sí, ya sé que lo de los relatos desperdigados por aquí y por allá no te hace tanta ilusión como la idea de una novela sólo mía publicada, pero estoy pensando en reunirlos todos y hacer un libro con ellos, y para eso tienen que ver la luz las últimas antologías que faltan. Así que espero que te alegres cuando salga la siguiente, porque eso significará que ya falta menos para que ese libro de relatos sólo míos sea una realidad.

Y ahora me voy a ver si esa energía me ayuda a seguir haciendo crecer alguna de las historias que tengo inacabadas. En marzo prometí que este año terminaba una novela. Y ya sabes que suelo cumplir los retos... aunque lo haga el último día del plazo marcado, je.